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Vangelis no se murió (el jueves)

En horas imprecisas del pasado jueves, alguien en algún punto del Uruguay fingió la muerte de Vangelis. Esto me parece muy relevante por dos cosas: 1) Porque Vangelis hace mucho que estaba muerto (figurativamente); y 2) Porque el hombre trabajó ardua y futurísticamente para crear el soundtrack de Blade Runner. Mismo que a mí me ha servido de vez en cuando para acabar fiestas que de otra manera parecerían inacabables. Sí, Vangelis fue (¿es?) un genio musical y sin él la mejor obra de Ridley Scott no alcanzaría las proporciones que alcanza y ha alcanzado a través de las innumerables versiones que se han publicado de esta. Pero la gente fiestera no lo aguanta mucho y cuando uno hace sonar ese maravilloso soundtrack (disponible en su totalidad vía YouTube), la gente empieza a irse a sus casas con un sabor agridulce en la boca.

Es una ironía fabulosa que hayamos sido víctimas de la simulación de la muerte de Vangelis, por eso mismo, por su trabajo invaluable para Blade Runner, cinta inspirada, ya todos lo saben, en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?), de Philip K. Dick.

Dick basó todo el cuerpo de su vasta y también invaluable obra en dar respuesta a dos preguntas inmensas, irrespondibles (tan irrespondibles que no le bastó a Dick una vida entera (si acaso muy breve) para responderlas): 1) ¿Qué es la realidad? Y 2) ¿Qué es el ser humano auténtico?

A la primera pregunta encontró una respuesta muy simple y eficiente en teoría, pero imposible de reproducir en la práctica: La realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ello, no desaparece. ¡Pufff, qué bombazo!

Para la segunda no encontró respuestas, sino más preguntas. Porque si hay un ser humano auténtico, también hay seres humanos falsos. Ponía de ejemplo las aves robóticas que habitan los árboles en Walt Disney World. Decía que todas esas aves son el equivalente a falsos humanos. Ahí están y cantan y se mueven, pero no son reales. Luego pensó que también, si había un falso humano, debía haber un falso humano falso. Una negación de la negación, pues. Él decía que si algún día una ave real se posaba entre los animatrónicos de Walt Disney World, la gente pensaría que esa ave también es animatrónica. Esto la convertiría en una falsa ave falsa.

Más o menos de ahí parte ¿Sueñan los androides…? Nos enfrenta ante un mundo de simulaciones, donde los androides son indistinguibles de los humanos, a no ser por unas pruebas de empatía muy locochonas que hacen cazarecompensas para detectarlos y eliminarlos (porque están prohibidos, porque tienen consciencia propia, sentimientos, añoranzas, sensibilidades y son más fuertes y resistentes que los humanos). Incluso Dick nos muestra una sociedad-simulacro en la que androides viven sin saber que son androides, tienen a sus propios cazarecompensas y su propia estación de policía. Esta simulación sirve para que Deckard, quien sueña con su oveja eléctrica, se cuestione la validez de su realidad. Al final, Deckard se da cuenta de que existen los falsos humanos falsos, y Ridley Scott (con su equipo de guionistas) hace de esta revelación algo muy poético e inventado en dos ocasiones: 1) El slogan de la corporación Tyrell, “Más humano que lo humano”; y 2) En el momento más maravilloso de la historia del cine, el monólogo de las lágimas en la lluvia, recitado por un androide a punto de morir (¿caducar?).

Por eso creo que el simulacro de la muerte de Vangelis va a terminar siendo más significativo que su muerte real, cuando llegue, si llega. Porque nos permite ver, darnos cuenta de que hay falsos acontecimientos, y pone en perspectiva aquello que decía Baudrillard: que los simulacros, en esta sociedad, valen más que el objeto real. El mapa tiene más significado que el territorio. Y también, enfrentándonos al simulacro de la muerte, a la muerte falsa, podríamos aventurarnos a pensar que también existe una falsa muerte falsa, lo que sea que eso signifique.

‘Blade Runner’
(Tema Principal)

About Óscar Schinca

Estado de México, 1992. Escritor mexiquense egresado de la Escuela de Escritores de SOGEM. Sus cuentos han sido publicados en revistas de México y España, como Penumbria, Marabunta, Visor y Operación Marte, entre otras. Actualmente cursa el Máster en Escritura Creativa de Hotel Kafka en Madrid.

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