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Terr Monsta: Romance & Seducción a Quemarropa

Hay bandas (como muchachas cinéticas) que te queman la piel desde el primer instante y se quedan para no marcharse. Romance puro, a quemarropa, aterido de ráfagas eléctricas que surgen por todos tus poros y escenas trepidantes que recuerdan, de inmediato, la esencia de aquella maravillosa película llamada True Romance, con Patricia Arquette y Christian Slater en los roles protagónicos, escrita por Quentin Tarantino y dirigida por Tony Scott a principios de los 90’; donde el frenesí de la narrativa amorosa es de una fuerza descomunal, sin tapujos, sin hipocresía, tan honesta como uno esperaría que siempre debe de ser.

Romance que te empalidece, te hace temblar, te llena de expectativas y luego termina incendiándote por completo para hallar el Oasis sanador detrás de los nuevos sonidos encontrados (o en el caso de las muchachas, los nuevos argumentos a nivel de experiencia para poder plasmarlos en algún futuro dentro del desarrollo de  tu literatura).

Romance destemplado, enfurecido, que golpea y martillea y calcina los huesos; que te pone los pelos de punta, te hace arrodillarte o te infla el pecho con bocanadas de vértigo fugaz, auténtico, sin contemplaciones, impulsándote a dar el siguiente paso… Efímero como el que desprenden los ojos de aquella chica fumando un cigarrillo y revisando su teléfono celular sobre la acera frontal del pequeño Bar; o Cardíaco y Revolucionario luego de escuchar, por primera vez, a la banda mexicana Terr Monsta y comenzar a sentir esos pulsos, esos golpeteos furiosos incendiando todas mis pupilas auditivas y fluyendo a través de toda mi piel.

¿La canción? San Antonio, de una densidad maravillosa, oscura, llena de Trip-Hop, jazz experimental, una voz mesiánica, lírica surrealista y track 1 del primer Demo de Terr Monsta, que también incluye los temas Chakruo, PART 1, Insane y Snow; cada uno de ellos con una construcción a fondo y toda una identidad sonora que ya logra cristalizar un estilo de música, una forma de visualizar la propuesta.  

¿Escenario? Típica tarde voluble de Agosto, vodka tonic & Delicados con filtro, pasando del sol radiante que culmina a eso de las 19:00 hrs y entrando en los terrenos del cielo gris ácido, lúgubre, cancerígeno, que antecede la tormenta y las tempestuosas ráfagas de viento. Desde el espacio de la barra donde me encuentro, vista perfecta para la calle frontal y la quietud de este pequeño rincón cercano al centro de Coyoacán. Una pareja joven paseando a su mascota sin preocupación aparente, conversaciones efímeras de estudiantes que se acercan y se disuelven, pájaros que descienden por momentos para luego re-emprender el vuelo y desaparecer tras el horizonte, algunos oficinistas rezagados, como zombies, que se cruzan de frente con algun indigente apenas sosteniéndose en pie o con vendedores ambulantes hartos de caminar hasta el cansancio, ofreciendo sus productos a cualquiera que les dedique un poco de atención; dulces, collares, pulseras, juguetes hechos a mano, algodones, chicharrones, joyería descompuesta, piratería reluciente o fragmentos de barro convertidos en artesanía local o algún invento parecido.

Y, por supuesto (lo más importante), la chica fumando tranquilamente al borde de la banqueta; solitaria, vestida con chaqueta de piel color caquí, jeans negros ajustados, blusa blanca, bufanda casi transparente y botas semi altas (semi casuales) del mismo tono que la chaqueta. El caballo largo y lacio, negro cobalto, cayendo suavemente sobre sus hombros. La sonrisa ligera, perspicaz, atenta a su teléfono celular mientras yo ya me pierdo en esta trombosis de sintetizadores y percusiones con las que arranca Chakruo: constelación profunda que aúlla desde un inicio la Realidad está soltera y que pronto empieza a mutar e incorporar guitarras distorsionándose, atmósferas conceptuales, hipnóticas, por momentos psicódelicas y por otros resaltando toda su esencia trippy (incluso reminisciencias de un Post-Rock camuflajeado que le inyecta otra tónica de vitalidad al ritmo), mientras la voz de Itzel Noyz se adueña del aura y destila con pasión y potencia la mágica lírica que tanto caracteriza a Terr Monsta.

Algo en verdad invaluable dentro de su música. Esa capacidad de arriesgarse para construir sonidos tan ‘densos’ que pueden ser equilibrados con letras maravillosas, ardientes, que de alguna manera también dejan en evidencia ese núcleo alternativo dentro de toda la propuesta –en todos los níveles– de esta agrupación nacida en 2015 en la Ciudad de México y actualmente integrada por la mencionada Itzel Noyz (voz & sintetizadores), Macarena Guerrero (percusiones), Piaka Roela (guitarra) y Fernando Castro (bajo).

‘San Antonio’

 

***

Pienso entonces en cómo di con su música. Vino de una recomendación (natural entre melómanos que se entienden perfectamente) por parte de un camarada y compañero de armas dentro de Operación Marte, Ricardo Lobo; quien tengo entendido conoce de tiempo atrás a una integrante de Terr Monsta y que al respecto de la reciente presentación que tuvieron el pasado 11 de agosto en el Multiforo 246, me hizo la propuesta de buscarlos para realizarles una entrevista y la posibilidad de que aparezcan en nuestro podcast ‘Lo-Fi / Bajo el Radar’.

Casi sin pensarlo, con esa obsesión y curiosidad musical que siempre late muy por dentro, accedí a la tarea. Confío plenamente en la apreciación musical de Ricardo y en todo el vagaje, aprendizaje y sabiduría que le han brindado tantos años dedicándose a la música. Si la recomendación viene de su parte, hay un 99.9 % de posibilidades de que sea buena música y no inventos sin sentido llenos de falsedad y vacío que tanto abundan en nuestra época.

Así que en cuanto llegué a este bar a lo que podríamos llamar el turno vespertino de mis labores profresionales (responder llamadas, mensajes, correos, gestionar, logística, etcétera), inmediatamente después de ordenar un vodka tonic, acomodar papeles y prepararme mentalmente para la justa; abrí Soundcloud y comencé a inmiscuirme en los sonidos de Terr Monsta.

La agrupación es joven. Decíamos que nace en enero de 2015 en la Ciudad de México luego de la unión de talentos y visiones de Itzel Noyz, Piaka Roela y Macarena Guerrero; quienes ya con experiencia en diversos ámbitos musicales comenzaron a dibujar los primeros esbozos de Terr Monsta y a plasmar toda la estructura de la idea principal. Poco después, se uniría a la banda Fernando Castro, a cargo del bajo, quien traía dentro de su estilo una precisión brutal y la versatilidad necesaria para complementar el trabajo del resto de las integrantes.

Desde entonces, su corta trayectoria ya los ha llevado a tener presentaciones en diversos lugares representativos de la Ciudad de México, así como en diferentes foros y espacios de los alrededores de la República. De la misma manera, se presentaron como invitados al showcase del Festival NRMAL, al concierto de clausura del festival GIFF (‘Guanajuato International Film Festival’), y fueron seleccionados para musicalizar un cortometraje de dicho festival; demostrando de esta manera el buen impacto que ha tenido su música dentro de un público mexicano que, usualmente, prefiere perderse y arrodillarse ante los caminos de los sonidos ordinarios, colectivos y sencillos, que seguramente te aseguran una pertenencia a diversos círculos sociales pero que límitan tu capacidad de abrir nuevas perspectivas y adentrarte en nuevas sensaciones musicales.

No, no, Terr Monsta es otra cosa. Con apenas estos dos años y medio de trayectoria, su música ya carga toda una personalidad detrás, un aura de libertad que se evidencia en cada nota lanzada y una búsqueda aguerrida por encontrar esa esencia de sonido tan revelador y experimental, tan sanador y espiritual, tan alternativo dentro de un género (si podemos ‘categorizarlos’ en el Trip-Hop) que ya se caracteriza por una condición nata (siempre palpable) de buscar nuevos sonidos y posturas auditivas.

No, no, Terr Monsta no es una banda sencilla. Es un viaje cósmico, un caleidoscopio, la fluidez de ráfagas de viento desapareciendo en el anochecer, un incendio en medio del desierto o una caída al acantilado cuya descomposición está llena de brillo, lucidez, armonía y talento interminable. Misma caída que para oyentes normales puede resultar un tanto pesada; pero que para alguien como yo, melópata y adicto al sonido, freak y fanático de lo experimental, se adhiere en la piel desde el primer instante.

Ya lo decía yo: Romance enfurecido, recalcitrante, voraz.

***

Regresa al interior del bar. Pupilas alteradas por la nicotina recién consumida, tranquilidad aparente, caminar decidido e intercambio de sonrisas y miradas con la amiga que la espera sentada en la mesa del fondo. Piden otra ronda. Cerveza oscura. Universitarias de seguro. No más de 23, 24 años. Actividad ininterrumpida desde sus teléfonos celulares. La amiga añade la presencia de su Tablet a la ecuación, saca una un par de libros, una agenda, guarda sus audífonos que había estado utilizando mientras su compañera fumaba en la acera, y se concentran intensamente en su plática logrando realizar sin problema alguno las múltiples tareas.

Vuelvo a lo mío. Por instantes espejeo en su dirección, me dan ganas de fumar, garabateo unas frases aisladas en mi agenda, reviso mensajes que tengo pendientes, planeo nuevos durante el proceso, termino el vodka y me inmiscuyo tranquilamente en PART I, tras esa aura instrumental donde el bajo y las percusiones hacen de las suyas (se apropian de todo el terreno de juego) para conseguir una melodía tan down como enérgica, tan enigmática como visionaria que es capaz de revolverte el interior y hacerte desear en todo momento un poco más.

Proceso de reinvención por completo que con Insane y Snow se vuelve cual un caledoicospio lleno de rabia y vértigo donde de pronto, sin aviso alguno, me asaltan imágenes de todo tipo.  Del mundo, la sociedad, la crisis, el vacío, los dogmas, la moralidad, el existencialismo desnutrido o exacerbado, la pobreza & la violencia, el hambre & la guerra, la esclavitud, la clandestinidad en masa, popular, trayecto en metro, vendedores ambulantes, apatía colectiva, señoras gigantescas golpeando a cualquier extraño que se les interponga en su masivo caminar, niños destrunidos, terriblemente luminosos, de anden en anden con los pies desnudos y los dientes rotos mientras yonkis como zombies acarician el Trópico, piedra cemento perico o todo junto, vale mierda, importa un carajo, nada lo vale, estamos destinados a la pérdida absoluta –un cambio pa’ la banda, güero, no sea ojete, aquí ya nos chingamos, ya valió verga, ¿o nel cainal?–, pero  al menos risas en conjunto, confidencia callejera, desprecio a las clases sociales, infiernos compatidos, 20 pesos para el barrio (para que me respalde), ingenuidad enfermiza, ignorancia desgarradora y el ciclo que se reinicia y los fragmentos que desfilan a su propia autodestrucción.

‘PART 1’

 

***

Volviendo. Qué belleza, qué fuerza, qué pasión encerrada detrás. Hemos arribado a los terrenos de Hilo Negro y la situación ha pasado de ser adrenalítica a convertirse en un pasaje de espiritualidad absoluta, donde la banda arranca con un bajo lento, expectante, marcando la pauta de la hermosa voz de Itzel mientras se van incorporando diferentes elementos que potencializan el Trip-Hop siempre palpable y conjugan infinidad de emociones y ritmos durante el proceso.

De pronto, la batería. Ah. Esa sensación de dureza que comienza a crecer mientras la profundidad de la lírica nos revela una intensidad narrativa increíble: “El sauce no deja de llorar / Mientras el fuego lo consume / El hilo negro acecha con pena / Mientras el fuego te consume”. Palabras que desfilan como haikus vertiginosos que se clavan en tu interior y te llevan por pasajes desconocidos.

Luego el silencio, los sintetizadores agudos, efímeros, ambientando una construcción tan compleja que nos llevará hasta los poco más de 9 minutos de duración y nos develará una mirada íntima y profundísima de la agrupación, llevándonos a través de un recorrido completamente instrumental, experimental, denso y oscuro, pero con toda esa pasión y talento que le brinda cada integrante a la esencia de la música.

No hay vuelta atrás. Así de fácil. Estoy tan inmerso en estos minutos de introspección que he olvidado por completo mis labores vespertinas y simplemente me dejo fluir por todo lo que sucede, me dejo embestir tranquilamente por esta deliciosa Catarsis auditiva y encuentro una especie de aullido regenerativo que me recorre de los pies a la punta del cabello.

El bar se ha ido llenando poco a poco y ahora las dos amigas se pierden en una bruma de siluetas y voces que se intensifican más con el paso de los minutos. Aun así, quedan dentro de mi campo de vista y se les puede contemplar a punto de terminar la velada, guardando sus cosas y esperando la cuenta a pagar. Hago lo propio. Es el cierre de Hilo Negro y termino el tercer vodka, pago lo correspondido, organizo mis papeles y salgo a fumar un cigarrillo.

Durante el proceso, las amigas terminan lo suyo y se encaminan a la salida. Aprovecho para contestar unos mensajes. Las chicas, al pie de la salida, ríen y comentan algo y la no-fumadora regresa al interior del Bar y se encamina al baño. La fumadora se aleja unos pasos de la entrada, saca un delgado Camel y antes de que pueda encenderlo, me acerco, le sonrío y le ofrezco lumbre. Se sorprende ligeramente, pero me agradece y sonríe de vuelta.

Voy a hacerle plática. A huevo. Chinguesumadre. Y entra ese vértigo en medio de las tripas, ese calor incendiario, esa lucidez cardíaca antes de comenzar a interactuar con una bella desconocida.

Ya lo decía yo: sensualidad interminable, oscuridad cristalina, Romance a quemarropa.

‘Snow’

About Adrián Ortega

Escritor y Periodista. Diseñador, melópata, bohemio irrecuperable y apasionado desenfrenado del Post-Rock, la viticultura y el cine de Park Chan-wook. Fanático a muerte de los Ravens de Baltimore e hincha del Atlas de Guadalajara y del Chelsea Football Club. Co-Fundador y Director General del medio de difusión artística ‘Operación Marte’, co-editor del sello editorial ‘Korova Records’ (en construcción) y locutor en el canal de podcasts ‘La Tribu’. Su primer libro: "Érase una vez en Santa María", fue publicado por 'La Ratona Cartonera' en Mayo de 2015. Actualmente trabaja en su primera novela y en una serie de artículos, crónicas y ensayos de música y Rock que piensa titular "Medio Segundo de Snuff & Spaguetti".

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