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Saibi: Animación y Cuestiones de Fe

No hace mucho, King of pigs (2011, Corea del Sur) deleitó a los amantes de la animación asiática con un crudo relato sobre la enemistad, el bullying y la violencia de dos antagonistas que recuerdan sus días de juventud y que fácilmente pudiera ser la metáfora de la juventud actual: apática y resentida.

Con un argumento bastante atípico para el anime habitual, Sang-Ho ofrece una nueva narrativa para un público distinto, cuyo trazo artístico aporta una alternativa en las salas cinematográficas antes gobernadas sólo por Japón.

Años más tarde aparece Seoul Station (2016) y la “live action” Train to busan (2016), que le merecieron al surcoreano Yeong Sang-Ho sendos reconocimientos por su interesante creatividad respecto a la ya conocida trama de zombies bajo el apocalipsis de los desastres naturales. Si bien su arte cinematográfico navega entre la crudeza de su realismo estético marcado por un arco dramático muy elaborado en sus historias, es decir, apuesta por la belleza de lo grotesco.

Sin duda el horror, el pesimismo, la decadencia de sus antihéroes expresan la rudeza de sus protagonistas cuyas facciones melancólicas expresan un minucioso cuidado en el guión. A ratos, Sang-Ho recuerda la poética del neorrealismo italiano o la sutileza moral de los conflictos de Ozu, pero también se nutre de esa llamada ola del “realismo social europeo”, y con ello, imprime en sus historias una denuncia de una Corea desangelada.

Sin embargo, no es sino con Saibi (The Fake) donde plantea un relato que confronta la fe y la violencia del hombre. Estrenada en 2013 gana el Festival de Sitges como Mejor película de Animación, el Festival de Gijón como Mejor película de Animación (ex-aequo) y en 2014, en el prestigiado Festival francés de Annecy, queda dentro de la Sección oficial de los largometrajes a concurso.

La crítica especializada centra su atención en la incomodidad de su argumento: “Min-chul, un exconvicto borracho y violento, regresa a su pueblo natal a atormentar a su exposa e hija. En un restaurante pelea con un tipo en el baño y luego descubre que es un estafador: Choi Kyung-Suk buscado por la policía. Ya en su pueblo rural, se re-encuentra con este tipo quien engaña al pueblo prometiéndoles un paraíso terrenal tras la aparente construcción de una presa en su comunidad. El charlatán y timador, se presenta bajo el resguardo del pastor evángelico Sung y, utiliza a la iglesia evángelica para sacar dinero de los iletrados feligreces. Mientras Min-chul trata de convencer al pueblo del engaño, mantiene una relación violenta con su esposa e hija, lo cual, acrecienta la tensión de la trama”.

Saibi se cuenta bajo una mezcla de géneros, se diluye entre un thriller detectivesco de buenos contra malos, pero sus rasgos más interesantes operan bajo ese naturalismo social y profundo que emplea Ozu: los buenos no son tan buenos como parecen y la línea ética de la moral conflictúa al espectador.

Mientras el ebrio y violento Min-chul descubre el engaño y trata de convencer a todo el pueblo de la estafa que les avecina. Sin embargo, no lo creen. Mientras no duda en gastarse los ahorros unversitarios de su hija en alcohol y mujeres sufre el despecho de una esposa cansada de su ausencia. Su hija cautiva de su opresión machista no duda en seguir al pastor Song con tal de estudiar en Seoul y alejarse de un entorno disfuncional. Song predica en la iglesia el paraíso terrenal y espiritual a cambio de jugosos donativos. Su complicidad con el estafador, implica el misterioso suicidio de un antiguo romance con una menor de edad y este secreto se vuelve la extorsión perfecta para el estafador. La injusticia, la culpa y el fanatismo se vuelven motor recurrente a lo largo de la historia.

A tal argumento, pensemos cómo las raìces de la animación nutren y evolucionan. Si recordamos, el pacifista Osamu Tezuca construye los cimientos del anime con el ya conocido tema de la tecnología versus el hombre gracias a “Astroboy” (1963), posiblemente inspirado en “Metrópolis” (1927) de Fritz Lang. A su vez, Miyazaki y sus películas nos han enseñado a creer en la fantasía de los mundos alternativos y el poder de las mujeres como heroínas de sus historias. Además, nadie mejor que Isao Takahata expresó el dolor de la Segunda Guerra Mundial con el trágico relato de Seita y Setsuko en “La tumba de las Luciérnagas” (1988). Finalmente, sin Satoshi Kon no hubieramos conocido el thriller psicológico con ese mundo etéreo y metaficcional de la esquizofrenia, construida bajo una clase magistral que aborda el acoso virtual y la violencia física con “Perfect Blue” (1997).

Ese anime japonés de los ojos redondos, rostros bellos y formas occidentalizadas se aleja de los trazos del equipo de Sang-Ho, quienes expresan caras reales, celebran la dureza de las facciones cuasi a la usanza de la animación amateur. Saibi expone las cuestiones de fe confrontando el sistema religioso del espectador. Este trasfondo ataca el fanatismo de las apariencias, abraza la injusticia de un pueblo ignorante y muestra el lado oscuro de la sociedad coreana; así como la del mundo.

Sin finales felices, Saibi se opone a la creciente industria de animación mainstream que gobierna Asia… A contracorriente y con bajo presupuesto, Sang-Ho aboga por contarnos los relatos más sobrios e intimistas donde sus historias llevan al extremo de las emociones; sin él no sabríamos de la existencia de un idealismo pesimista donde todo se antoja triste y desolador. Min-chul expresa la paradoja de un antihéroe que trata de salvar a un pueblo de su propio fanatismo… y por cuestions de fe nunca lo logra.

Saibi (The Fake) | Trailer

About Aarón de la Rosa

Licenciado en Letras Hispánicas con Especialidad en adaptación cinematográfica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Tiene la Maestría en Estudios Cinematográficos en Guionismo de la Universidad de Guadalajara y la Maestría en Cine Documental por el Posgrado en Artes y Diseño- CUEC de la UNAM. Realizador, guionista y productor escribe sobre temas de cine.

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