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Ricardo Guerra

Ambato, Ecuador, 1994. Desde el 2011 trabaja en proyectos culturales dentro y fuera de la provincia. La mayoría de estos proyectos se dedican a promover el desarrollo y capacitación de la colectividad en temas de producción y apreciación de la cultura. El centro de sus actividades casi siempre ha sido la producción literaria, por el momento la poesía. Ha colaborado en diferentes publicaciones como el diario “El Periódico” (Ambato 2013- 2014) y la revista “La guerra” (Cuenca, 2015). También, cuenta con la publicación “La Poesía de mi Silencio”, realizada en marzo de 2106.

Caja musical

Siempre busco la oportunidad de perderme.
Anoche, por ejemplo; giré:
Derecha, izquierda, izquierda, derecha, derecha.
Sin saber porque, cuando debía ir:
Izquierda, Derecha, Izquierda, Izquierda, Derecha.
La luna comienza a esconderse y sé que ningún hombre cuerdo
Quisiera despertar sin haber podido conocer lo suficiente.
El sol escupe un rayo que entran por mi ventana,
Y suenan a Shostakovich. Siento una presión en el pecho
Cuando la música suena. Suena cada vez más fuerte si aligero mi caída.
Yo Golpeo los parpados violentamente, una y otra vez,
De manera desesperada.
La música jamás fue una tortura, pero sí la sientes presionando tu pecho
Al salir el sol. Con la angustia de los gorriones hambrientos
Que golpearán las ventanas de tu cuarto, una y otra y otra vez,
Como un par de latidos incesantes que martillan una y otra y otra vez,
Este pecho que no es tambor, pero hace música.
Como si se pudiese tocar una balada triste con este corazón.
Lo que sí puedo es odiar cada puto amanecer y abrazar mi angustia,
Cada vez que despierto y no dejo de latir. Porque a pesar de sentarme a llorar,
No dejo de escuchar un piano melancólico con música de fondo.
Y se me da bien tratar de entender la música que viene desde adentro.

Usted sabe que este poema es mío. Y la música que usted escucha también lo es,
No será una tarea fácil saborear las texturas de mis versos.
Acérquese más, un poco más. Puede escuchar algo,
Talvez un pequeño murmullo. Los latidos de mi pecho llevan un lenguaje
¿Puede usted descifrarlo?

Eso pensé yo, solo si lo hace entenderá.

Mi pecho es entonces un artefacto musical
Y toda caja musical es un corazón descompuesto.

***

No entiendo a las chicas que aman los gatos.

En la noche cuando camino por tu cuadra,
Un “Miaw” y un “Grito”,
Y siento en mí sus fisgonas miradas,
Y así va, me persiguen hasta que la calle termine.

Las chicas y los gatos no son terrestres,
Solo si te fijas en la noche,
Al parecer, si sostienes tu mirada lo suficiente,
Verás en sus ojos las estrellas.

No puedo ser gato,
Aunque siempre quise ser mujer,
O gato, o lo que sea,
Lo que sea menos hombre.

***

Piso 34

En lo más alto de un edificio de 34 pisos,
Un par de hombres sueñan con el fin del mundo.
Desde acá, vez a la gente

Y casi puedes sentir sus pensamientos.
Por ejemplo, vez al hombre que va ahí,
Sí, el hombre enternado.
A la gente como él no le preocupa nada,
El no vendría acá a disfrutar de un disparo.

Cuando levante la mirada, lo veremos a los ojos.
Tomaremos un trago largo de whisky,
El podrá sonreír, de todos modos
Yo no pensaría en saltar sobre alguien como él.

¿Alguna vez pensaste si tú y yo fuimos realmente los hijos de Dios?
Entonces nuestro destierro podría ser una cuestión mágica,
No hace falta entender el porqué,
Pero si venimos acá tampoco fue para ser felices.

Subimos por las escaleras 34 pisos,
Para beber whisky y ver al pavimento,
Para volvernos atractivos hacia los ojos del padre,
Desde acá lo vemos. Él pinta otro de sus atardeceres.

La belleza para él radica en la perfección,
Nosotros somos HU – MA – NOS,
Llevamos piel, la piel cubre todo lo bello.
Con la caída del sol, sonó un disparo.

Un cuerpo intentaba volar por los 34 pisos,
Se le ve mover sus extremidades de manera brusca,
El sujeto abre y cierra las manos, como si intentase
Atrapar el viento para evitar la caída.

1 – 2 – 3 ……… Recojo mi abrigo
4 – 5 – 6 ……… Puedo tomar el último sorbo de whisky
7 – 8 – 9 ……… Él casi toca el suelo, es hora de saltar
10 ……… Me siento vivo, pero he comenzado a morir.

Tuve y tengo 34 pisos de memoria,
Ahora entiendo la necesidad de disfrutar el vuelo a los 23,
Lo hice todo para no desmayarme, Pero antes
Antes de tocar el suelo, cerré los ojos.

No sé qué fue de nosotros desde entonces.
Pero si vos eres de los que no salta al abismo;
Has vivido de mentiras, lo que vos haces no es vivir,
Y deja ya de leerme, no me enfermes con tu optimismo.

————————- A continuación —————————–

Para los hombres de riesgo, quiero decirles que pronto
Un club abrirá en las alturas. Todos nos veremos al atardecer
Alguien hará un llamado desde algún edificio de 34 pisos,
Mañana los noticieros hablaran de los valientes, de nosotros.

Habrá una procesión de bolsas plásticas con 4 Kilogramos
De mortadela podrida con nombres aleatorios.
Nunca sabrán nuestro verdadero nombre. Alguien deberá encargarse
De cubrir estas miserias con lo que sobró del último discurso socrático.

Yo los volveré a ver, azotando y apilando las bolsas
De mortadela podrida, soltándolas con fuerza en el suelo,
Justo antes de que pueda cerrar los ojos. – No existe,
EL INFIERNO NO EXISTE.

*** 

María

Hay bosques oscuros,
Con cuadros renacentistas
Desubicados por pájaros carpinteros.

Lugares así,
Son por experiencia
Buenos para nada.

Parece que
Las mujeres van allá
A fingir sus orgasmos.

Yo dejaba a mi ex
En la entrada con un caballero
Pelirrojo.

Desde afuera se ven
Sólo las copas de los árboles
Cuando el cielo hiperventila.

Ahí
En la calle
Solo se escuchan rumores.

Yo tomo su mano y sé
La gente habla de nosotros pero
Ya he escuchado demasiada mierda.

María había olvidado
Que su piel se enrojecía,
Cuando el placer era permanente.

Dime,
Cómo es que se siente
Escuchar cantar a los pájaros.

Aquí huele a azufre desde tu última visita.

– Hola.

– Eres tú.

Por mi parte, sigo con la caja de condones que compramos juntos en la única farmacia abierta a las 2:20 a.m. Otro inmaculado pacto que firmamos al volver a casa.

La guardo en mi maleta con un par de tabacos mal olientes, los últimos que pusiste entre tus pechos para llamar mi atención.

Ven a verme antes de navidad. Bien sabes que nunca fui bueno escogiendo tus regalos, pero no vamos a hablar de coger.

O tal vez te pregunte una vez más, para ensanchar mi ego. Y sonreír frente al espejo porque no puedo terminar lo que nunca comenzamos.

Sabes que siempre perdimos lo suficiente, cuando tu querías amor de gatos, yo no me veía corriendo atrás de cualquiera mendigando amor.

Hasta que rompimos el abrazo con un par de bielas que nos tomamos en la zona, cuando fuiste conmigo a comprar un pase,

Hasta te vi sonreírle al Flaco de la entrada para que no me joda por jalar en el baño del mejor bar al que fui contigo.

No lo sabes, pero ensuciaste mi buzo preferido.

-Lloro-

¿Y la poesía, los besos en servilletas blancas y el amor?

Cosas que uno olvida por temor a recaer.

Pero si vas hoy al mismo bar, seguiré esperando en el baño.

Para compartir nuestro primer cigarro con una botella de ron, y ser libres.

No me detengo, no te pertenezco, tu solo vas y vuelves.

Y cuando te vas.

Te veo en un sauna lleno de hombres gordos desnudos con un par de putas (amigas tuyas) que festejan al ocaso, cuando las luces rojas te llegan al rostro.

Prefiero solo salir.

Si el mundo es capaz de aceptarte a ti en multitudinarias orgías antes del Apocalipsis.

Creo que puede aguantar a un abstemio desesperado, que sonríe al cielo, aunque sabe que sus deseos no se van a cumplir.

Y viviré esperando.

No me iré y nunca llegaras.

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