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Nora Coss: la Identidad Narrativa y el Choque de Ideologías

Lunes cardíaco mientras esperamos sentados en una mesa exterior del Café Lorenzo, en el Foro Shakespeare de la Colonia Condesa. El cielo es gris ácido, póstumo, rabioso como un poema de Lautremont o una pintura de Munch anunciando la tempestad. Enciendo un cigarrillo, saco mis notas de la mochila y continuamos con la charla.

El tema gira en torno a la situación actual del Teatro Independiente y las diferencias abismales que existen –en todas las facetas posibles: difusión, asistencia, alcance, calidad– entre éste y su gigantesco Némesis generalmente aterido de mediocridad e ignorancia y entendido de forma más práctica como aquellas grandes producciones que lejos de representar una verdadera expresión artística sólo sirven para seguir definiendo y esculpiendo en piedra los parámetros de un teatro meramente de entrenamiento, burdo, ridículo, anclado a la superficialidad social y colectiva.

Sentada frente a mí, sonriente con ese gesto de afabilidad tan característico en ella y que prevalece la mayor parte del tiempo, Miriam Jiménez, Relaciones Públicas de la obra ‘Forever Young, Never Alone’ (a cuya directora hemos venido a entrevistar), además de coincidir en la opinión que le brindo la complementa y añade un punto importantísimo: no se trata de la escases de talento, creatividad y buenos proyectos surgiendo siempre desde la vena independiente de las artes escénicas; se trata, en gran medida, de la escases de foros, espacios y una amplia difusión (rabiosa, enardecida, diría yo si nos ponemos en el mood Punk) que potencialice la capacidad de llegar cada vez a más gente y más gente.

A esto hay que sumarle infinidad de cosas más, por supuesto, no me confundan. No es el único problema ante este panorama y quizá no sea el más alarmante. Basta con mencionar el simple hecho de que vivimos en una sociedad donde el arte y la cultura poco peso han tenido a lo largo de su desarrollo, o con hablar del rezago brutal en la mentalidad e idiosincrasia del mexicano o en la apertura y la concepción evolutiva de la expresión artística, convirtiéndonos en una sociedad primitiva y arcaica que está muy lejos de poder abrazar el arte como un acto de evolución y crecimiento en todos los niveles, tanto individuales como colectivos.

Pero en esencia, sin lugar a dudas, es la falta y la precariedad de escenarios y medios de comunicación uno de los factores que más atención necesita y donde nosotros quizá podamos provocar un efecto mejor dirigido, inmediato incluso, de mayor impacto y con la esperanza de perpetuarse hasta conseguir cosas grandes (mayúsculas), y lograr una trascendencia que cristalice un horizonte más utópico.

Justo antes de que llegara Miriam así lo platicaba con Ricardo Lobo, quien ahora, sentado a mi lado izquierdo –con sus característicos lentes cuadrados Nike, el cabello desordenado de manera consciente (reminiscencias del músico y pintor que siempre habita en él), los restos nacientes de una barba abundante en proceso de renovarse y una Heineken entre dedos–, acaba de reconocer a un camarada sentado en una mesa cercana y se disculpa para ir a saludarlo.

Ricardo es una especie de hermano mayor para mí –ohana dirían los hawaianos nativos– y miembro fundamental dentro del staff de Social Media en Operación Marte… Mientras se aleja, recuerdo lo que también platicábamos hace unos minutos sobre la próxima e inevitable clausura del conocido bar Dada X, del cual él fue co-fundador y que durante varios años sirvió como hogar y sitio de culto al arte underground de aquella época.

Precisamente es por eso que estamos aquí parcero, le decía entonces yo luego de que terminara de narrar la triste historia de la caída y ruptura total del Dada X. He ahí la razón y el impulso. Hay que retomar la labor sangrienta y espartana de la Difusión y convertirnos en ese eje que cumpla dichas funciones… Ésta es nuestra parte de la lucha, el pretexto perfecto para contribuir con nuestro aullido. Lo que nos corresponde hacer (de alguna manera), venzamos o nos hundamos en el proceso, desde este lado de la Trinchera.

*****

 

‘Forever Young, Never Alone’: del desencuentro y las relaciones humanas

La mirada profunda, la paciencia en los ojos, las sonrisas esporádicas (veloces cuando simplemente rememora algo o expresivas y prolongadas cuando sabe que la anécdota o el comentario están de su lado); la voz quieta, los brazos sobre la mesa, la tranquilidad implícita en cada oración que va desmenuzando para tratar de terminar de afinar sus pensamientos y expresar lo que quiere dar a entender.

“Creo que ya está muy presente este personaje del paisano que regresa. Crecí en Coahuila y tengo mucho esa referencia. Viví dieciocho años allá y después en Monterrey. Está en mi imaginario toda esa gente que se fue a trabajar allá”, dice refiriéndose a todo aquel mexicano que migra a los Estados Unidos en busca de trabajo y luego vuelve a su tierra natal. “Mi familia se ha consolidado allá… y siempre había esa sensación de que cuando regresaban había un cambio en la dinámica de la familia. ¿Por qué? Porque son distintas culturas, porque se fueron por obvias razones y entonces llegan y un poco farolean que allá es mejor.  Tengo mucho este referente, que no es el general pero es el referente de la clase media”.

Y que, además, es el mismo que refleja a la perfección la relación tan estrecha y co-dependiente que siempre ha existido (con sus ventajas y desventajas) entre México y EUA; y que sirve como punto de partida para unir los hilos temáticos de Forever Young, Never Alone, última de las 13 producciones con las que ya cuenta Nora Coss en su trayectoria como directora y autora, entre las que podríamos mencionar títulos como ‘Café Re-flex. (2008-2009), Y otros breves infiernos (2011), Desarrollo teórico-matemático de un desamor (2014), Sol de invierno (2014-2015) y Aperturas. (2014-2015) “Eso es lo particular de la obra”, añade lentamente para continuar retratando la esencia del argumento lírico en el que se estructura la obra.

“El personaje de ella es una chica que creció en California pero nació aquí, y regresa y se encuentra a este chico con una bandera de arraigo nacional muy marcada, un chavo que quiere hablar Náhuatl y todo ese tipo de cosas… Entonces, es ese choque de dos ideologías de lo qué es ser de aquí. Y es ese desencuentro amoroso. Las dos personas son de la misma clase social, los dos son mexicanos; pero hay algo que está impidiendo que estén juntos. Esto amén de todo lo que sabemos de las relaciones. También, la obra postula la pregunta: ¿una relación se sostiene con la pura voluntad? ¿O no? Ese es el ejercicio. ¿Basta con decir sí, estoy dispuesto a tener una relación, aunque no sea la persona idónea para ti?… En las otras cosas que estoy trabajando ya también está presente el personaje que regresa, el personaje mexicano-norteamericano por quiera o no (no me gusta el término de escritora fronteriza), son cosas que yo tengo.”

Particularidad y temática que le llevó más de tres años concretar y un trabajo diario e ininterrumpido de nueve meses durante la recta final del proceso; luego de que surgieran las primeras conversaciones del guión y los diversos elementos comenzaran a acomodarse con fluidez para ir dibujando pacientemente el rostro de todas las facetas del proyecto.

Y digo Conversaciones porque Nora afirma que la obra se puede entender como “44 cuadros, 44 citas de una relación, y a través de cada cita (aunque la cita sea anecdóticamente igual) la relación va progresando”.  Como decir que a través de un fractal de posibilidades que siempre suceden en el mismo contexto,  la identidad y el romance de estos personajes va cobrando vida y revelando el impulso que las anima a continuar encontrándose en el tiempo.

Luego se queda callada unos segundos. Seguramente reflexiona algo relevante en su interior y añade: “Creo que inevitablemente, en todo el teatro que he escrito, está el tema de la identidad,  tanto de la región (de donde se es) como de la identidad de clase social y de género. Siempre han sido tres cosas que estoy peleando en los textos. Pero todo es con la identidad. ¿Quién soy, de dónde soy, a dónde pertenezco?”

Preguntas que a ella misma se le plantaron con firmeza desde sus días en la Universidad, al Norte de la República, entre la aridez y las atmósferas desérticas de Monterrey; cuando aún el Teatro ni siquiera figuraba en el panorama y se dedicaba a estudiar Mercadotecnia en el Tec (Instituto Tecnológico de Monterrey). Tenía, eso sí,  la idea de entrar a un taller de creación literaria de la universidad y era fiel seguidora y participante de diferentes grupos de poesía donde, asegura orgullosa, le encantaba recitar.

Pero a veces (o más bien siempre) la vida es bella por todo ese tipo de accidentes e incongruencias que de momento nos parecen cargados de negatividad pero que, a la larga, cuando se cristalizan, nos abren todo un sendero lleno de posibilidades. Y para Nora, en aquellos lejanos días universitarios, fue la Coordinadora de los talleres de difusión cultural quien le dio las noticias de ese ‘accidente’ al informarle que el taller de creación literaria se había cerrado, dejándola sin oportunidad para inscribirse. También, le comentó que se acababa de abrir uno de Teatro, y la instó a unirse a las filas.

Al principio, a Nora no le pareció nada grata la noticia. Su gesto mientras cuenta la anécdota lo reafirma; pero inmediatamente, tras unos segundos donde se nota en el brillo de sus ojos la presencia de un recuerdo danzando por su mente, sonríe y nos platica cómo fue que, sin saberlo, estaba tomando la decisión que la marcaría en adelante y que la llevaría hasta donde ha llegado hoy en día.

“Cuando entré al taller de teatro, el maestro Alejandro Cantú, que era alumno de Ludwik Margules (aquel conocido director que dicen por ahí trajo la vanguardia al teatro mexicano) andaba con todo la furia de querer pasarle a alguien todo lo que aprendió con el maestro Margules… (Guarda silencio unos instantes y después, riendo, añade)… Y me agarró a mí de su puerquito durante cuatro años y medio”.

“Estudié actuación con él, actúe y actúe, dirigí en mi último año de carrera y en mi último semestre estrené mi primera dirección, que es la ‘Importancia de Llamarse Ernesto’, de Oscar Wilde (en el 2003), y a partir de ahí dirigí y dirigí e inevitablemente llegué a escribir lo que dirigía… Ó sea, entre creación literaria y teatro, ahí estaba el destino un poco marcado.”

Teaser ‘Forever Young, Never Alone’

 

*****

El Café comienza a llenarse y a crecer en su clientela. Las dosis constantes de ruido son potencializadas por el inicio de lo que será una tremenda tormenta. Luego de la llegada de Diana Cobos y Miguel Gold (fundadores del proyecto Tártara Estudio y encargados de la producción de Forever Young, Never Alone), la conversación inicial ha roto sus parámetros y ahora nos permite fluir sin problemas, concentrados primero en hablar de todo lo que ha sido la experiencia junto a Nora (con quien ya han trabajado antes) para después terminar charlando un poco sobre la esencia e importancia de la producción dentro del desarrollo de este tipo de proyectos.

Diana, que arribó al Café minutos antes que Miguel, nos releva su parte de la historia; cómo fue que llegó primero a la post-producción de cine, después a la producción, la fundación de Trácala Estudio, el compañerismo con Miguel, la vena teatral palpitando en el fondo de su alma y el jugárselo todo por las artes escénicas.

¿Y con Nora?, ¿cómo ha sido su relación, cómo comenzaron a trabajar en conjunto?, pregunto después.

“Estamos en la producción por segunda vez en un montaje de Nora. Antes fue en ‘Sol de Invierno’, que fue la obra pasada. Se estrenó en Monterrey, estuvo allá haciendo una temporada y es un dramón, algo completamente diferente… Ahora Nora llegó con este texto que era una comedia, que había baile y música. Y dijimos va, perfecto… Es una directora y dramaturga muy entregada a su trabajo. Que ella diga esto de que no le gusta mezclar estar escribiendo y estar dirigiendo, es porque su mente y su corazón se va a lo que está haciendo, y siempre es un placer trabajar con alguien que tenga esa entrega y esa pasión.”

Miguel, por el otro lado, refleja su emoción por el estreno de la obra desde el primer segundo. ‘La verdad es que ha sido un trabajo muy bonito. Desde las primeras lecturas hasta los últimos ensayos (con la música en vivo integrada), el resultado está saliendo de acuerdo a lo que queríamos. Incluso más de lo que esperábamos, la verdad. Y sobretodo por el talento de todo el equipo involucrado, tanto de Mauricio Castaño, el coreógrafo, como de Diana Bovio y Santiago Ulloa, los protagonistas. La verdad es que han creado una dupla bien padre, y creo que les va a gustar mucho.”

Nora añade: “Fue un cast complicado porque la obra no sólo requiere grandes actores (como todas las obras), pero requería que bailaran tap. Tuve que descartar un cast porque todo el proceso de coreografía era muy complicado para ellos, porque no tenían las bases de la música también. Dania y Santiago tienen de base la música, porque están creando música en el escenario cuando bailan. Ella es de Monterrey, creció allá, y tiene totalmente la referencia de ella. Y él es de aquí (Ciudad de México)… Entonces se armó muy bien y los dos son grandes ejecutantes. Tienen experiencia en teatro musical, y son cantantes, actores y cómicos. No me pude haber encontrado un mejor casting.”

Al respecto, le pregunto a Nora si esta obra sobresale dentro de su trayectoria y si es acaso la que más le ha apasionado escribir y dirigir.

“Siempre parece que la última que escribes, es la mejor, ¿no? Pero no, todas tienen su particularidad. Empecé a escribir en 2008, estrené mi primera obra en el 2009 y a partir de eso he escrito (en el lapso de 9 años) trece obras. Hay gente que escribe más, pero yo me tomo mi tiempo. Todas han tenido su encanto y a todas les tengo un cariño. Todas son mis hijos.”

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El aura de la plática está plasmada por el bullir del pensamiento que cada uno impregna a la mesa. Hemos caído a los terrenos del espectro social y los entornos colectivos jugando un papel de importancia en el desarrollo del Teatro.

Nora guarda sus comentarios para dar algún comentario filoso mientras Diana y Miguel se expanden dentro de sus perspectivas. Ricardo y yo escuchamos atentos. Redacto algunas notas al respecto. En una mesa junto a la nuestra, a la izquierda, Miriam se inmiscuye en el trabajo que despliega en su ordenador y por momentos hojea hacia nuestra dirección. La lluvia crece. Me quedo en el punto en el que se encuentra Diana con voz apasionada: “Yo creo que sí estamos pasando tiempos en donde los estereotipos nos están rebasando a todos. Ya no podemos ser las mujeres de siempre, los hombres de siempre, la clase media de siempre. Todos estamos luchando con ese estereotipo, que es una herencia quizá del siglo pasado. Creo que todos estamos peleando contra esos estereotipos, y creo que de eso va mucho el movimiento social, tanto del feminismo, migración…No somos todo lo que mundo espera que seamos. Somos lo que somos”.

Comento algo al respecto y me responde aún más apasionada: “Creo que por eso la escribí. Porque yo también estoy harta que se me diga: ‘¿Eres mujer? No, porque te falta esto y esto. ¿Eres del Norte? No, no, porque te falta esto y esto y esto. ¿Eres chilango? No es cierto.” Riendo, añade: “Nunca cumplo con el canon… Creo que hay que librarnos de los estereotipos”.

Entonces, sin darme, disimuladamente, aprovecho la oportuna intervención de Ricardo para buscar una vez más la presencia y la mirada de la mesera que nos ha atendido desde nuestra llegada. Su belleza juvenil, su piel pálida, su cabello amarrado en una coleta, su andar despreocupado y sensual al mismo tiempo, sus ojos tipo personaje de manga o animé, preciosos, perlas brillantes o contemplaciones efímeras del horizonte que destila su expresión.

Estoy intentando, sin desviarme de la conversación, lanzarle al menos una sonrisa.

*****

La ayuda de Ricardo para tal cometido es invaluable. Dentro de su intervención, lanza la pregunta sobre qué tanto creen que puede incidir el teatro que ellos hacen para ayudar al país dentro de su evolución social; planteamiento que siempre es necesario hacerle al artista, para saber cuál es el espectro colectivo que tiene y si, de alguna manera, su expresión se encamina hacia esa dirección.

Nora responde de inmediato: “Es muy difícil decir que por una expresión artística se muevan sistemas que están por encima de todos. Lo que sí sabemos que provocamos son inquietudes. El teatro que nos gusta hacer es ese teatro que sabemos que la gente no pasa indiferente. Y ya lograr eso, creo que mueve cosas.”

“¿Algo así como crear consciencia social?”, intriga Ricardo.

“Consciencia social y personal. Sobre todo personal, porque muchas veces no nos damos el tiempo de reflexionar sobre quiénes somos, qué hacemos y cuál es nuestro papel en todo este juego. Pero creemos que siempre hacemos esto. Queremos que la gente que venga a uno de nuestros proyectos, no le sea indiferente. Que no sea frívolo. Al contrario, siempre estamos buscando provocar y creemos que la provocación lleva al cambio.”

La provocación como arma liberadora / terrorismo semiótico, escribo en una nota mientras, al levantar la mirada, mi sonrisa a la mesera por fin es recibida sin interrupciones ajenas y (por un segundo que se podría sentir ‘eterno’), quizá, lo más seguro, la sorpresa la invade completamente y no me regresa el gesto sino que busca asegurarse que realmente le haya lanzado una sonrisa a ella y no sea una simple coincidencia. También, supongo, aprovecha para medirme unos instantes. O se incomoda. Lo más probable.

No lo sé… Pero se sonroja ligeramente y no se inmuta por un segundo. Hay un reto con su mirada. No detiene su actividad de limpiar y ordenar la mesa que recién se ha desocupado, pero hace un poco más lento cada movimiento para que la prolongación de la mirada continúe. El estudio detallado hacia mi persona ha terminado, casi al tiempo que culmina su labor de limpiar la mesa y se prepara para alejarse,

Miguel, mientras tanto, se une y complementa la perspectiva de Nora: “Al final de cuentas, creo que sí es una época de comunidad, pero la introspección y el cambio que uno quiera hacer en la vida, lo hace solo. Es de manera personal, y creo que cuando tú vas al cine, o al teatro, a un museo, a un performance; por más que discutas con alguien lo que te provocó, si te gustó o no, tú te vas a ir con algo dentro tuyo que lo analizas solo, lo piensas y le das vuelta con la almohada, con tus propios demonios, miedos, aspiraciones, sueños, todo… Nora siempre tiene personajes que te van a hacer pensar en ti. Y cuando tú piensas en ti, vas a hacer un cambio en tu vida y hacer un cambio en tu vida significas que cambias a los que están alrededor. A cualquier nivel, cualquier escala. Por el simple hecho de que nosotros estamos produciendo y dirigiendo teatro… Digo, no por desprestigiar a las redes ni nada, pero en lugar de estar una hora mandando memes, vengan mejor a ver una obra de teatro, que es de una escritora becada, publicada, y de una productora que quiere hacer cosas con una propuesta. No digo diferente ni nada porque al final todos estamos dentro de lo mismo. Pero algo que nos gusta a nosotros y que creemos que le puede gustar a los demás… Que esperamos les guste a los demás. ”

Propuesta, esa es la palabra clave. Tejer, arañar, cristalizar una propuesta entera y en toda la extensión del concepto; aquel resquicio de donde deben comenzar a surgir el resto de los elementos necesarios para alcanzar algo con la expresión artística. Lo dice Nora con aquello de ‘Provocar para alcanzar un cambio’, o lo reafirma ahora Miguel con este punto de la introspección y el crecimiento primero indivual, para después poder contribuir con algo al enriquecimiento colectivo y social. Diana, incluso lo resume desde una perspectiva más romántica y (podríamos decir) directa.

“Creo que la base del trabajo de Nora y de la productora, es finalmente el hacer sentir. Que la gente sienta algo, así sienta aburrimiento, pero que te preguntes ‘oye, por qué esto no me está gustando, por qué estoy incómodo’… Lo que sea que tú sientas, que te atrevas a explorar ese sentimiento. Si algo te da risa, ¿por qué te da risa? A lo mejor es porque a ti te pasa, o te ha pasado, o así eres. Un poco ese momento de exploración. Al final, sentirte vivo.”

*****

Comentaba en un inicio sobre el gran problema que representa la falta de difusión, espacios, foros y un nuevo público que se interese por las artes escénicas. Una realidad que vista más a fondo tiene infinidad de matices y situaciones de las que a veces abordamos a primera vista.

Por ejemplo, para poder llegar a estar aquí, en una temporada que comenzó en Junio y terminará en Agosto (el 9, siendo precisos); todo el equipo de la obra tuvo que atravesar una intensa y larga travesía que comenzó desde meter una convocatoria en un espacio, que aceptaran primero la propuesta, hacer la carpeta de presentación del proyecto, proponer cosas, aventarse un ensayo de prueba para lograr conseguir el espacio y muchos detalles más que hicieron largo y lleno de esfuerzo y sudor todo el proceso… Como debe de ser, de alguna manera, dentro del Teatro Independiente y la alta competencia de propuestas, compañías, actores y directores buscando todos un lugar para poder expresar su trabajo. Nadie dice lo contrario. Nadie espera que sea fácil.

Miguel, experto en el tema por su camino dentro de la producción, lo visualiza de mejor manera: “La ciudad de México es una ciudad enorme con miles de propuestas artísticas, y se pierde un poco, como que se diluye el apoyo y la cercanía, pero porque así sucede en todas las ciudades grandes. No porque sea específicamente la Ciudad de México. Es un movimiento muy grande y hay mucha gente buscando un lugar y llegar a un espacio. Creo que es bien importante que todos lo hagamos. Que todos busquemos espacios. ”

Sí, al final de eso se trata la supervivencia de este Teatro Independiente y su capacidad de unir armas y elementos para seguir evolucionando, provocando y aspirando a cosas más grandes. Sobre todo eso: llegar a un público de mayor volumen y conseguir que todos estos buenos proyectos contribuyan en el espectro artístico y cultural de esta sociedad. Porque bien lo afirma Diana cuando dice que el cine y el teatro tienen similitudes muy marcadas en relación a la cantidad de espectadores que acuden a las salas de ambas disciplinas.

“El cine, por ejemplo, la cantidad de espectadores que tiene al año es grande, pero es la misma cantidad de gente yendo muchas veces. Al teatro le paso algo similar. Hay un público que gusta del teatro, y va a ver muchas obras. Pero es el mismo público yendo a diferentes espacios y a ver diferentes propuestas. Es más o menos lo que sucede en el cine. Claro, en México hay como 5,000 pantallas de cine, ¿no? Falta también que existan más espacios aquí en la Ciudad de México. Hay una saturación de espacios. Todos están hasta arriba. Ojala hubiera más lugares donde se pudieran presentar más propuestas. Entre más propuestas, creo que mayor posibilidad de atraer nuevos mercados. Gente que nunca ha pisado un teatro y que de pronto encuentre algo que vea y que le llame la atención y lo haga engancharse y querer ver más”.

“En mi experiencia”, añade Nora, “estuve de administradora en un teatro durante cinco años. He visto propuestas maravillosas con dos personas en el público, y he visto cosas de dudosa procedencia con gente afuera. Es lo que dice Diana. Público hay, sólo que a veces no sabemos cómo llegar a este público. Ver la operación de este lugar durante 5 años, me di cuenta que sí hay un público, hay gente, se llena, hay que ir por ella.”

Regresamos a lo mismo: esa precariedad de foros, espacios y una buena difusión para dar rienda suelta a todos estos proyectos, unirnos un poco más y crear una comunidad artística más fuerte y con simbolismos que trasciendan más allá del ‘teatro por entretenimiento’, que se alejen de todo ese pensamiento podrido empeñado en seguir vulgarizando todo lo que puede representar una expresión artística.

Mientras tanto, en el otro lado de la moneda, nos cuenta Nora que hay obras subsidiadas que tienen presupuestos de hasta un millón de pesos, provocando un estancamiento notable y evidenciando esa pobre y deficiente estructura en las plataformas de apoyo dentro de las diversas (porque sucede a toda escala) disciplinas artísticas de México.

“De repente tienes tres o cuatro proyectos con 4 millones de pesos en teatro, cuando con eso pudiste haber producido 20 proyectos. Y buenos proyectos. Fondos sí hay. Pero no creo que sea la (estructura) más certeza para generar, sobre todo, producción… De alguna u otra forma, centralizas la producción. Tienes grandes producciones, pero sólo tienes tres.”

Ridículo, ¿cierto? Al menos para mí, que no puedo concebir racionalmente que esto siga sucediendo con todo el descaro posible, abierto a la masa, inyectándole más poder a esta ideología de masa de lo qué es el arte y cómo debe expresarse.

Parece mentira, pero la gente sigue negándose a creer que, para ayudarnos en una evolución social y colectiva, el desarrollo artístico y cultural es un ARMA más poderosa, legítima y trascendental que muchos otros elementos abrazados por la masa como parte de su lucha cotidiana y sus aspiraciones de alcanzar un crecimiento.

Es decir: ¿no creen que tenga más relevancia en el desarrollo mental y espiritual de un ser humano la presencia del ARTE que, por ejemplo, estar anclado al vicio de la televisión basura (porque no podemos negar que sí hay contenido televisivo que vale la pena, sólo es cuestión de buscar, de aceptar los desequilibros no previstos), de las redes sociales basura (lo mismo: utilizadas de una manera sabia y propositiva, las redes sociales son un adelanto tecnológico lleno de maravillas), del consumismo esquizofrénico, de las pobres aspiraciones laborales convirtiéndonos en robots sin escapatoria o de los diferentes ambientes callejeros que explotan en destrucción por el retraso económico y cultural que existe?

Para mí, lo vale. El riesgo, el sudor, la cuesta arriba y el siempre remar contra corriente. Vale estar aquí, conversando con Nora y el equipo de producción de Tártara Estudio. Importa escucharlos decir todo lo que traen adentro, complementarlo, aprender y quedarse con lo que haya que quedarse. Vale ir a ver ‘Forever Young, Never Alone’, y vale demasiado recordar eso que dice Nora durante la recta final de la charla:

“He visto cómo grupos se han esforzado en la difusión y han logrado tener una temporada de 18, 20, 24 funciones; y también he visto grupos que con cuatro funciones no la armaron. Es un trabajo de equipo. Teatro independiente en el sentido que no tiene un subsidio… A ver si logramos cambiar. Mientras tanto, somos independientes. Si nos llega un apoyo del gobierno qué padre… Y si no, seguimos trabajando.”

*****

Outro

Una hora después de iniciada la charla; la tormenta es imparable y espero afuera del café, junto a Ricardo, platicando y fumando un cigarrillo. La bella mesera, conversando con sus compañeros de trabajo, se encuentra en frenesí absoluto atendiendo las responsabilidades de su puesto. Apenas se percata de mi presencia al borde del asfalto, pero justo antes de ponerse en marcha con sus próximos pedidos se detiene a revisar la orden, espejea alrededor y mira hacia fuera, deteniéndose en mí, esbozando apenas un gesto, una mueca de agrado que no puede pasar por una sonrisa expuesta, pero que quizá sirva como tarjeta de invitación para regresar después y poder hablarle… Así se lo digo a Ricardo por lo bajo (y como ya me conoce perfectamente), sólo ríe y me motiva mientras nos alejamos entre las calles despavoridas de la Condesa.

Equipo Creativo ‘Forever Young, Never Alone’

Texto y dirección: Nora Coss
Productores ejecutivos: Miguel Gold, Diana Cobos y Edgar Torres Mayén
Producción: Trácala Estudio
Elenco: Diana Bovio y Santiago Ulloa
Coreógrafo y musicalización: Mauricio Castaño
Músico: Matías Torres
Diseño gráfico, foto, video: Rikki Matsumoto

About Adrián Ortega

Escritor y Periodista. Diseñador, melópata, bohemio irrecuperable y apasionado desenfrenado del Post-Rock, la viticultura y el cine de Park Chan-wook. Fanático a muerte de los Ravens de Baltimore e hincha del Atlas de Guadalajara y del Chelsea Football Club. Co-Fundador y Director General del medio de difusión artística ‘Operación Marte’, co-editor del sello editorial ‘Korova Records’ (en construcción) y locutor en el canal de podcasts ‘La Tribu’. Su primer libro: "Érase una vez en Santa María", fue publicado por 'La Ratona Cartonera' en Mayo de 2015. Actualmente trabaja en su primera novela y en una serie de artículos, crónicas y ensayos de música y Rock que piensa titular "Medio Segundo de Snuff & Spaguetti".

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