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Manifiesto Editorial

“¿Hasta dónde llegaremos?
El fin no importa desde el punto de vista de la lucha.
Porque no llegar es también el cumplimiento de un destino.”

GONZALO ARANGO
Primer Manifiesto Nadaísta, 1958

INTRO.

Operación Marte surge a principios de 2014, luego de una conversación que tuvimos Manuel Illanes y un servidor sobre aquella ofensiva que lanzó la Unión Soviética contra la Alemania Nazi en Noviembre de 1942. Entonces hacía tiempo que ambos queríamos hacer una revista independiente cuyo único propósito fuera darle salida y expresión al arte actual, libre y propositivo.  Por supuesto, la cosa no había avanzado más allá de algunas ideas que flotaban nebulosas en nuestras cabezas. Salvo el ímpetu y las ganas de hacerlo, no teníamos nada. Hasta ese día en que platicábamos sobre la ofensiva rusa. No sé por qué, pero inspirado por todo lo que había leído respecto al tema, se me ocurrió decirle a Manuel que deberíamos llamar Operación Marte a nuestra revista. El hueón fanático del Colo-colo respondió: Estaría genial, poh, estaría genial. Y desde entonces, quizá inconscientemente, comenzamos a llamar Operación Marte al proyecto. Unas semanas después nos juntamos con Omar Rubio, poeta y camarada de muchos años, y lo invitamos a participar. No hubo más que añadir: como los viejos soldados rusos dispuestos a perecer en las Batallas de Rzhev; creamos el mapa a desplegar, hicimos la convocatoria y comenzamos a trabajar. Meses después se uniría David Chora al viaje, camarada añejísimo y parte fundamental en el diseño de OM. El camino ha sido larguísimo pero ha valido la pena. Ya sólo queda morderse el labio inferior, cargar los revólveres y quitar el seguro.

     Adrián Ortega

I. EL PULSO EN UNA AGUJA

Gonzo. Cae el atardecer. Un detective de homicidios de Chihuahua enciende un cigarrillo y añade la foto de otra jovencita de veinte años al dossier de la semana. Es la cuarta del mes. Empleada de una maquiladora y entusiasta de ir a bailar a bares, salir al cine con sus amigas y enamorarse convulsivamente. Hija única. Salvo la primaria, no hay más estudios. Al borde de la página el detective añade: Sobreviviente de la que nadie hablará.

Gonzo. Las manifestaciones y protestas del día toman un respiro. Recargan fuerzas. Se dicen discursos. Recuerdan a los hermanos caídos. Descansan. Mañana será un nuevo día.

Gonzo. En la periferia del DF una parvada de niños luminosos escarba entre la basura buscando la cena mientras un par de traficantes locales se deshace de un cuerpo platicando sobre las eventualidades de la semana. Una automática hace detonación. Un cuerpo quemado de pies a cabeza cuelga de un puente como parte de un espectáculo bizarro. Las pancartas con narcomensajes inundan los caminos de Michoacán y dos camaradas yonquis ríen como si nada dispuestos a empeñarlo todo.

Bajo la luz de las estrellas relucen las miles de fosas comunes de asesinados y el aliento de los desaparecidos retumba en el viento, voraz, aturdidor, feroz. Normalistas, prostitutas, estudiantes, narcos, profesores, indigentes, periodistas, niños, inmigrantes. No importa quién sea, los medios masivos de comunicación esconden todo. Reproducen la náusea del gobierno. México arde.

El teléfono de un político cuelga y una cuenta de banco es eliminada de la faz de la tierra mientras algún inocente es encarcelado de por vida.

Los locales cierran. Los criminales deambulan como zombies en los alrededores, libres, impunes mientras la Federal acosa, maltrata y persigue a quien puede.

Hoteles despellejándose. Vecindades, chicas banda, cantinas relucientes que van formando una pintura impresionista y una muchacha que pierde su virginidad y suspira extasiada.

Un fanático del whisky se pega un tiro, el televisor encendido, el cigarrillo en agonía colgando de su mano izquierda.

Un adolescente se sienta en una solitaria esquina a escribir su primer poema. Empieza con los labios de su amada. Perfectos. Salvajes. Sigue con su piel, su sexo, el magnetismo de su inteligencia y su forma de ser y pensar. Termina con El pulso está en una aguja, al alcance de todos. Después enciende un cigarrillo y cruza la Alameda Central. Camina y camina. Voltea. Una prostituta le sonríe.Segundos después el camión que lo dejó en el Centro es asaltado: durante el encuentro uno de los pasajeros mata al primero de los asaltantes y deja al otro al borde de la perdición.

Los expertos en la Fayuca miran extasiados el box cobijados frente a sus pequeños televisores. Se acerca el final de la jornada. La gente ojea la mercancía. Una pareja joven se besa probándose varios modelos de gafas oscuras. Ríen. No compran nada. Se alejan. De su bolsa la chica saca una pequeña pipa de madera y ambos se pierden quemando ganjah, charlando, felices como nunca.

En una azotea no muy lejana, acosada por el ladrido de los perros, se escucha una canción de The Fall (quizá The N.W.R.A. o I’m Into) y cuatro muchachos lumpen reproducen aquellas palabras de Juan Ramírez Ruiz, en el inciso siete de su manifiesto del grupo Hora Zero: “Júntense varios amigos, conozcan bien a dos o tres, entréguense confianza, asuman un papel de vanguardia, recuerden que toda idea, todo esquema es un medio, nunca un objetivo; manden a la mierda todo fin personalista, escupan a todo deseo de notoriedad, apunten bien y disparen.”

 ***

El abismo se abre frente a nosotros. El vacío, la violencia. La locura y la ruina de nuestra época en su máximo esplendor. Imposible mantenerse al margen de los acontecimientos, sin nada que aullar, ningún golpe que lanzar. No importa la trinchera, el arma o los dioses implorados. El punto es reinventarse a cada instante. Permanecer en constante acto de evolución. Un acto meditativo, íntimo, vanguardista de por vida.

***

Subvertir el arte, la cultura, el periodismo. De cualquier manera posible. Cada acto cuenta. Cada sensación importa. Que nada ni nadie se salve.
Ni las nuevas formas y métodos para afrontar la realidad.
Ni el guiño suicida frente a los acontecimientos.
Ni la Anarquía en un mundo de burocracia.
Ni la Ruleta Rusa en cada pedazo de cotidianidad, la improvisación, el Ojo de la Transición, diría un sonriente y proletario Roberto Bolaño.

***

La poesía es un acto, decían los futuristas italianos a principios del siglo XX. Nada más cierto. Sólo a través del acto se consigue algo verdadero, auténtico, puro, libre en toda su extensión. De nada nos sirve el discurso. De nada la palabrería y los términos arte o cultura. De nada los pinceles, los lápices, las cámaras, los saxofones o las guitarras. El arte no es más que una metáfora de la vida. Una metáfora hasta las últimas consecuencias. Hasta hacer detonar la dinamita.

***

¿Cuántos no han perecido en nombre de Utopía, Libertad, Justicia? ¿Cuántos no lo dejaron todo por pintar el amor en unos párpados abiertos o alcanzar las notas del Blues perfecto? ¿Cuántos no cayeron con sus demonios como almohadas y siguieron aferrados, buscando el camino, arañando la existencia? ¿Cuantos no apelaron a la locura y las drogas para encontrar la Perla durante la masacre?  ¿A cuántos no los quebró la pobreza, el whisky, la punta de una jeringa o los gramos y gramos inacabables de nieve fresca en el espejo? ¿Qué fue de aquellos olvidados en psiquiátricos y apartamentos incendiados? ¿Qué de los poetas sudacas que cayeron a las puertas del Mictlán sedientos, sudorosos, espartanos en cada centímetro de sus venas?

Cada ángel es terrible, dice Rilke.
Belleza y delirio. La dualidad nos mantendrá unidos.
Un instante de fe, de esperanza en el lente de una cámara fotográfica o en el pulso de un lápiz.
Free Boys ardiendo sobre el asfalto. Sueñan con la voz de Enrique Lihn: Porque escribí no estuve en casa del verdugo. Miran desde el matadero el pestañeo del horizonte.  Adictos al cine, la música, la literatura, el pulso de la expresión y los orgasmos clitorales de las muchachas.

***

Toda época necesita del arte, de sus vanguardias y sus tiranos. Su valentía. Su aullido ginsberiano y su canto whitmaniano. Su Tempestad e Ímpetu. Su Nadaísmo temerario. Su Hora Zero combativo. Su Estridentismo utópico. Su romántico Surrealismo. Su anárquico Dadá. Su Constructivismo colectivo. Si tenemos suerte, la lucha se prolongará lo suficiente para que podamos contribuir con algo, cualquier suspiro, emoción, pedazo del alma.

 ***

Recitemos a todo pulmón las palabras de Maples Arce: “Todo el mundo, allí, quieto, iluminado maravillosamente en el vértice estupendo del minuto presente.” Y luego, sin cerrar los ojos, escuchemos la voz de Dylan:  “Necesitas algo que te haga comprender que eres tú y nadie más el dueño del sitio que ocupas, del lugar en que estás sentado. Que el mundo no te tiene vencido. Que no te tiene derrotado.”

***

No importa qué linterna nos alumbre. Que permanezca encendida.
Que se agoten las reservas de todo tipo.
Que las palabras sean como relámpagos, animales cinéticos atravesando la soledad y la lírica.
Que las construcciones comiencen desde el aliento.
Que las “bellas artes” se alejen cada vez más del mercado oficial, despeinándose, soñando Utopía.
Que el éxtasis desenfunde perlas eternamente sonrientes, y que éstas hagan arder el cielo.
Que el impulso no caduque nunca, como diría Bill Hicks:

nuestro viaje sin fin hacia el ocaso del sol.

***

Cualquier acto revolucionario quedará grabado en la memoria del Universo. Seremos apenas las migajas que algún desconocido sembrará en el futuro. Quizá una vieja canción de Rock o un Spaguetti Western donde el horror aguarda detrás de cada sombra y hay una muchacha por la cual vale la pena caer sobre la arcilla. Donde solo nos resta confiar en nuestro aullido y en el valeroso y simpático Jack Kerouac guiñándonos un ojo a toda velocidad.

Acepten perder siempre.  Dejen las posturas.  Arriésguenlo todo.



II. VEO A SATAN CAER COMO EL RELAMPAGO*

Es así  como se mantiene -por delirante que
pueda aparecer tal afirmación-
la vida presente en su vieja atmósfera de estupro, de anarquía,
de desorden, 
de desvarío, de descalabro,
de locura crónica, de inercia burguesa, de anomalía 
psíquica,
de deshonestidad deliberada e insigne hipocresía,
de sucio desprecio por todo 
lo que trasunta nobleza.
De reivindicación de un orden enteramente basado
en el cumplimiento
de una primitiva injusticia,
en resumen, de crimen organizado.

ANTONIN ARTAUD
Van Gogh, el suicidado por la sociedad

*Título de un ensayo de René Girard

En noviembre de 1942, J. Stalin, comandante en Jefe del Ejército Rojo ordenó un ataque contra el 9° Ejército alemán, que defendía la saliente de Rhzev, un estratégico punto desde el cual las tropas nazis podían amenazar Moscú. Este ataque fue coordinado en conjunto con la famosa Operación Urano, gracias a la cual los soviéticos recuperarían tras terribles combates la ciudad de Stalingrado, aniquilando con ello al 6° Ejército alemán, bajo el mando de Von Paulus. Pero mientras que Urano ha pasado a la historia como la operación que cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial, el ataque ordenado por Stalin contra la saliente de Rhzev hubiera quedado en una penumbra completa, de no ser por la caída de la Unión Soviética en 1991. La apertura de los archivos secretos del Ejército Rojo permitió conocer detalles hasta entonces desconocidos sobre esta operación. Hoy sabemos que, en un mes, el invencible y  glorioso ejército de los soviets perdió cerca de 100,000 hombres en absurdos combates. Hoy sabemos que los soldados soviéticos denominaron a la zona de la que debían desalojar a los alemanes “la moledora de carne de Rhzev” por la enorme cantidad de bajas que costaron los enfrentamientos.  Hoy sabemos que los soviéticos no pudieron cumplir el objetivo planteado por su sacro líder de sacar a los nazis de la saliente. Y aún más importante: conocemos el nombre en clave de esa escalofriante e inútil matanza: Operación Marte.

***

Eran tantos los soldados caídos durante los combates que los soviéticos, para guarecerse de posibles contraataques alemanes, construyeron con los cadáveres de sus propios compatriotas una muralla, arrojando agua sobre los cuerpos congelados.  El muro resistió incólume hasta la primavera del año siguiente.

***

De la ciudad de Rhzev no quedó sino el nombre: sólo sobrevivieron 150 de las 20,000 personas que vivían antes de iniciarse la operación, sombras que vagaban entre las ruinas y la espesa neblina de la inmensa llanura rusa al momento de la retirada de los alemanes en 1943.

***

La mayoría de los historiadores militares considera que la Operación Marte fue simplemente una “distracción” creada por Stalin y Zhukov para mantener al 9° Ejército alemán anclado en Rhzev con el fin de evitar que éste pudiera acudir al socorro de las tropas de Von Paulus, cercadas en Stalingrado. Esto incluso a pesar que el número de soldados empleados en la Operación Marte fue mayor que el de los utilizados en la Operación Urano, que llevó finalmente al éxito a los soviéticos. Para ellos, Marte fue sólo un movimiento más en la espesa telaraña de la guerra y sus engaños. Bastante es que Rhzev haya sido “condecorada”: en 2007 se la declaró Ciudad de Gloria Militar.  Y mientras tanto, los despojos de los 400,000 soldados soviéticos que murieron entre enero de 1942 y marzo del 43 en la región -según A. V. Isayev, historiador ruso-, siguen pudriéndose, dispersando un hedor inaprehensible para nuestras dormidas narices.

***

En High Plains Drifter, western de 1973, el personaje interpretado por Clint Eastwood, una nueva version del héroe sin nombre, debe enfrentar el crimen y la corrupción de un pueblo del Oeste llamado Lago. Nombrado protector del pueblo por los poderosos que ahí viven, toma una serie de insólitas medidas: por ejemplo designa como sheriff a Mordecai, un enano; hace desalojar un hotel en que pernoctan algunos clientes del hombre más rico del pueblo; envía mercaderías a un viejo indio y sus hijos, que habían sido acosados por los habitantes. Las medidas desconciertan a los residentes, que observan espantados como su viejo orden, montado sobre la base del terror y la injusticia, es reemplazado por otro, onírico y absurdo, que ellos no comprenden.
En algún momento de su breve reinado, el héroe sin nombre decide rebautizar el pueblo. Sobre el letrero a las afueras en que figura el nombre de Lago, Eastwood escribe la palabra “Hell” -“Infierno”.

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Cuántos continentes, cuántos países y ciudades deberían llevar en el letrero que señala pomposamente su nombre esa advertencia: “Infierno”: “¡Cuidado!: va usted a ingresar a la región de los muertos. Aquí nada es lo que parece. Le recomendamos desconfiar hasta de su sombra”. Así nos ahorraríamos toda una vida de vagabundeo, de encontrarnos directamente entre espejismos y fosas y más fosas de héroes anónimos.

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“Todo Guerrero es una gran tumba” escuché decir en las noticias, a propósito del caso Ayotzinapa. Más bien: México entero es un campo de muertos, un páramo sin fin de huesos en el desierto, como reza el título del libro de Sergio González sobre las muertas de Juárez. O quizás: una moledora de carne.

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Después de más de un mes de investigaciones, 0 resultados. Después del despliegue imponente del ejército, la marina, las camionetas atestadas de soldados, los helicópteros, los perros rastreadores, los buzos, ni siquiera se ha hallado un zapato de los desaparecidos. Como si se los hubiera tragado la tierra.
He aquí ejemplificada -en todo su esplendor- una maniobra de “distracción”.

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El “Narco Estado”, el “Estado Fallido” quiere hacernos creer que está verdaderamente interesado en hallar el paradero de los desaparecidos. Pero el mismo accionar de sus funcionarios demuestra lo contrario: como en tantos otros casos (pues Ayotzinapa es sólo un eslabón más de esa cadena interminable de tragedias que es la historia de México y Latinoamérica), la justicia y la policía mexicanas exhiben una lentitud e ineficacia exasperantes, bastante curiosa si se considera la velocidad con que operan en determinadas situaciones; los políticos parecen más interesados en sacar dividendos electorales que en paliar el drama que la desaparición representa para las familias de los desaparecidos. Y el gobierno…el gobierno se contenta con hacer declaraciones altisonantes.

Ayotzinapa es sólo un movimiento más en la espesa telaraña de la oscuridad y sus engaños.

***

I’m a grinderman, yes I am repite Nick Cave hipnóticamente seven days a week. Podemos cantar, parafraseándolo, somos los enterradores, sí, sí que lo somos…siete días a la semana…365 días al año.

***

Recuerdo el rostro de una anciana, recostada sobre una pared, una tarde de febrero en Oaxaca. En sus facciones parecía recaer todo el peso del mundo: su cara trasuntaba un cansancio infinito, tal como sus brazos que sostenían una canasta repleta de golosinas baratas. Dormitaba indiferente al vértigo y la locura que arrastra la noche que se acerca. Al verla no pude dejar de sentir una gran ternura. La misma que  siento al contemplar los rostros de los padres de los 43 desaparecidos; y junto con ello me atrapa un pensamiento: no es posible que una tierra que ofrece tales hombres y mujeres, de una serena entereza frente al cansancio o el sufrimiento más atroz, sea irredimible.

***

Multiplicar las imágenes, ya sean poéticas, sonoras, fotográficas, artísticas, reales en suma, multiplicar las visiones hacia el abismo que se abre delante y detrás de nosotros, combatir el silencio que como un cáncer inducido pretenden imponer a la comunidad –porque entonces sí habrán vencido, desde el momento en que no  tengamos nada que decir, ningún entusiasmo que quemar-, insuflar vida a la memoria de los muertos –porque ellos siguen hablando bajo los escombros-, elogiar la obra de los vivos, de los valientes, de los innumerables héroes sin nombre que construyen una historia, un país, un horizonte entre las ruinas de un territorio devastado por la locura, la codicia, el imperio de los chacales.

Reedificar los edificios futuristas de Utopía en la zona de nadie de Rhzev, de Ayotzinapa: nuestra Operación Marte.

***

¿Puede la palabra, puede la imagen oponerse al horror? ¡Absolutamente! Y no sólo ellas. Lo que hemos visto en estos días, las marchas, los paros, las tomas de casetas, los ataques a los edificios gubernamentales de Guerrero demuestran que México no se ha quedado de brazos cruzados frente a la catástrofe, que ha sentido en la raíz el golpe. Porque aquello que entendemos como “arte”, como “cultura” es únicamente un ámbito de ese cuerpo que constituimos y no necesariamente el más importante. Así, cualquier aporte que hagamos desde nuestras solitarias trincheras, cualquier imagen que despleguemos sobre el vacío de los acontecimientos, cualquier aullido que logremos hacer resonar por las calles, cualquier reflexión que podamos hacer en torno a la muerte y sus estrategias industriales, es un movimiento a favor en el ilimitado tablero de ajedrez en el que sobrevivimos.  En esta batalla –la única que vale la pena confrontar- o vencemos o nos hundimos todos.

Operación Marte
México, D.F., en la previa del Día de Muertos, 2014.

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