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La Guerra y la Paz

Como ocurre con las antologías, los premios literarios son los más eficaces y prosaicos caldos de cultivo para las polémicas, los revanchismos y los descontentos. En contadas ocasiones, algunos fallos suelen proporcionar más de un titular para la prensa, ya que para ella la visceralidad desencadenada es incluso más jugosa y rentable que la importancia del galardón o el pedigrí del galardonado. Para cuando un jurado popular dio como vencedora de la XXVI edición del premio Racalmare-Leonardo Sciascia a Malerba, el revuelo causado fue asaz considerable: el mérito y el reconocimiento literario le fueron otorgados a un asesino condenado a la máxima pena estipulada por el Código Penal italiano ­—el ergastolo ostativo (art. 4 bis) o cadena perpetua en aislamiento total—, fundador, además, de la Stidda, núcleo criminal que tuvo en vilo a la mafia siciliana. ¡Era inconcebible!

Poco importó la renuncia de uno de los más prestigiosos miembros del jurado y amigo personal de Sciascia, Gaspare Agnello, escandalizado por la elección. Hay que tener en cuenta que Sciascia fue un narrador siciliano muy comprometido con la lucha contra la mafia y autor de Il giorno della civetta, primer relato ficcional sobre esta imbatible y dúctil organización delictiva. Sin embargo, y como confirma a diario la política contemporánea, son escasas las veces en las que el tino se impone en una votación popular y, sin lugar a dudas, la novela en clave autobiográfica de Giuseppe Grasssonelli fue un oportuno acierto. Y es que los premios han de trascender cualquier valoración moral o amical; su propia ética y compromiso deberían bastar por sí mismas y prevalecer sobre estas irrelevantes consideraciones… pero ese ya es otro cantar, una gesta convenientemente olvidada.

Escrita a dos manos en coautoría con Carmelo Sardo, curtido periodista y redactor jefe del informativo Tg5, Malerba es el triste y desventurado relato de Antonio Grasso —alter ego de Grassonelli—, en una sociedad que malvive con la mafia, amparada y desamparada por sus reglas y sus códigos, un Far West circundado por el Mediterráneo. De hecho, su trama lo engloba todo: riesgo a cada instante; una buena dosis de romance y de sexo; historias de apuestas, fraudes, estafas y mentiras, así como violencia, asesinatos y persecuciones. Empero, su mérito estriba en haber ido más allá. La novela recrea el arquetipo del ascenso y la caída del héroe (antihéroe, en este caso, de ahí su modernidad), quien se ve arrastrado por la fatalidad sin saber oponer resistencia: debido a la matanza de su familia por la Cosa Nostra surge en él un irrefrenable y sangriento deseo de vendetta. Visto así, Malerba es la reescritura en breves capítulos, con una prosa ágil y de corte periodístico, de la sempiterna tragedia clásica a la que sus autores añaden una constante autocrítica del sistema político, jurídico y gubernamental de la actual Sicilia.

Es sumamente palpable el humanismo y la humanidad que exuda cada una de las casi 360 páginas que componen la narración. En ningún momento se intenta hacer una apología del crimen ni se idealiza la estampa de la mafia italiana del siglo XXI. De hecho, aquí se corrobora una máxima poco conocida y aceptada: la vida de un mafioso es, con seguridad, muy aburrida y casi enteramente pasiva. Es mucho mayor el tiempo empleado para planificar y huir con éxito tras una balacera en medio de la calle, que el que se dedica a la balacera en sí. Luego toca aprender a vivir en la clandestinidad, encerrado para evitar ser detenido y eso puede tomar años hasta que se enfríe el revuelo causado. No es nada glamoroso, como recrea Hollywood constantemente. Esto es bien corroborado en Honor Thy Father, retrato que Gay Talese esboza sobre Joseph “Joe Bananas” Bonanno, uno de los más temidos capos de Nueva York y con quien convivió seis años para escribir su libro.

Asimismo, en Malerba cada cuatro o cinco capítulos se intercala en cursiva la voz reflexiva del narrador, quien evalúa a posteriori sus propias acciones con una madurez y profunda experiencia que no dejan nunca indiferente al lector. No se trata tampoco de buscar el perdón o de esgrimir excusas, tanto el autor como la voz narrativa lo tienen muy claro, pues con la Cosa Nostra no hay salida que valga, el guion es único e inalterable: o los matas o te matan. No hay espacio para la negociación y, por tanto, la bicefalia Grasso/Grassonelli reconoce que no hay salvación posible, que nunca la hubo, en realidad; solo queda acatar las consecuencias de los actos perpetrados. En ello radica el honor, la integridad y el sentido del deber que solamente es comprendida por un siciliano, por lo que terminará aceptando su destino sin remordimientos. Esto leemos en una de esas reveladoras sentencias: “Y, como decía Sócrates: ‘cada uno elige su propio camino, vosotros la vida y yo la muerte; solo Dios sabe cuál de las dos es mejor’”.

En realidad, por encima de todo, Malerba es también la historia de una resurrección, la de un muerto en vida que busca redimirse a través de la superación personal. Ya en la cárcel, Grasso encuentra sobre su cama un libro bastante grueso y castigado, cuyo título adquirió con el tiempo un significado especial, una de esas metáforas vitales cargadas de ironía y de verdad que nos marcan para siempre: era un ejemplar de Guerra y Paz, de Lev Tolstói, que ilustra muy bien el conflicto interno del cual Grassonelli habría de emerger con otros aires, toda esa sed de venganza que sería aplacada definitivamente hasta hacer de él una nueva persona, consciente de sus errores y de sus infortunadas repercusiones. “Me puse a leer. Leí mientras hubo luz en la celda, hasta el momento en que dos lágrimas me rodaron por el rostro. Me deshice en lágrimas seguro de que nadie podía ver mi desnuda fragilidad: fue una liberación”. Así, su buena conducta entre rejas le fue granjeando pequeñas, aunque contundentes victorias, como la mejora de su régimen carcelario tras quince años de estricta incomunicación; superó, además, su casi analfabetismo obteniendo el bachillerato y un título universitario e, incluso, hizo frente al suicidio de su padre y a la crudeza de su propia paternidad: “Vi crecer a mis hijos en fotografías”.

Son numerosas las lecciones que este condenado puede enseñarnos y varios los episodios en los que esta narración nos deslumbra no tanto por su sinceridad, sino por la brutal honestidad de Giuseppe Grassonelli en tanto narrador. Como acertadamente sostiene aquel lejano Vargas Llosa, la escritura de una novela es una ceremonia parecida a un strip-tease, pues lo que el autor exhibe es la “parte más fea de sí mismo: sus nostalgias, sus culpas, sus rencores”. En Malerba se dan cita todos estos demonios, y muchísimos más.

Reinhard Huamán Mori
Eivissa, 10.XI.2017

About Reinhard Huamán Mori

Ha publicado los poemarios el Árbol (2007), así como fragmentos de Fuego (2010) y la plaquette de poesía Ella (12 secuencias) Isabel Archer (2015). Fue director de la revista de literatura Ginebra Magnolia. Actualmente, reside en Ibiza.

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