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Eternamente Leia

Cuando la vi suspendida allí, en medio de la oscuridad insonora de esa galaxia tan lejana y perdida en el tiempo, me temí lo peor. La escena la mostraba alejándose poco a poco de nosotros —asentados en la engañosa comodidad de las butacas—, totalmente a la deriva, mientras su cuerpo se congelaba sin la épica de la última hazaña que se ajustara a su reputación. Qué muerte más injusta, pensé, para alguien que retumbó tan fuerte en nuestras vidas. Así apagaba la corporación Disney la que fue durante décadas la portavoz de nuestra única esperanza. De pronto, y en cuestión de segundos, mi tristeza se desvanecía conforme su índice la guiaba de regreso a la sufrida y mermada flota rebelde, pero sobre todo a nuestros corazones. Y es que, sin importar cuán desoladora fuese la noche en la que se empozara el alma, lo que Leia nunca dejó de enseñarnos fue a resistir, porque pasara lo que pasara, antes o después nos llegaría el turno de volcar la balanza a nuestro favor. Solo teníamos que creer en nosotros mismos y, si hemos llegado hasta aquí, es porque eso hicimos.

Si la resurrección de Leia en The Last Jedi nos resultó tan impactante y estremecedora se debió a que hacía apenas un año de la repentina muerte de Carrie Fisher, producto de un fallo cardíaco a los 60 años. Volverla a ver en la pantalla grande incrementó la expectativa y las emociones encontradas en millones de personas que ansiaban una respuesta que aliviara su pérdida. Aquel fatídico 2016 había empezado bastante mal con el fallecimiento de David Bowie a principios de enero y terminaba de la peor manera: Carrie se nos iba. Recuerdo que la noticia remeció a muchos, fue un golpe tan inesperado que empañó esa Navidad, la mía, al menos, así como la de muchos amigos cercanos. Fue tan profundo el dolor, que incluso su madre y confidente, Debbie Reynolds, el rostro más dulce de Hollywood, al día siguiente la acompañó en su viaje. En cierto modo, parte de la trágica historia de los Skywalker se veía replicada en las desgracias del no menos célebre clan Fisher-Reynolds.

Pero la suma ironía era que mientras Leia es la única superviviente en Star Wars, Harrison Ford y Mark Hamill, los otros dos grandes protagonistas de la saga, lo son en la vida real. Esta feliz incongruencia la hace cercana y lejana, humana y etérea. Eterna. Pocos meses antes de su partida, Fisher publicó The Princess Diarist, en el que recoge sus vivencias en Londres durante el rodaje de A New Hope, en 1976. En él nos revela sus inseguridades como actriz y como persona, su breve amorío con Ford y sus socarronas reflexiones sobre lo que significó interpretar a la heredera real menos convencional y más idolatrada de la galaxia: “Me gustaba ser la princesa Leia. O que la princesa Leia fuese yo. Con el tiempo nos fusionamos en una sola persona; no creo que nadie pueda pensar en Leia sin que yo merodee también por sus pensamientos. Y no estoy hablando de masturbación. Así que la princesa Leia somos dos, en plural”. Y es cierto, completamente cierto: el encanto de Carrie era el encanto de su majestad, sin florituras ni diplomacia. Hablaba siempre ‘a calzón quitado’, como reza el dicho, o sin sostén, como lo hizo por exigencia (o conveniencia, ambas inclusive) del guion de George Lucas.

El estreno de A New Hope supuso un antes y un después en la historia del cine, ya que hasta entonces ninguna película había sido capaz de provocar una respuesta masiva a escala internacional. No al menos de esa magnitud, no existían precedentes en la industria cinematográfica. Este descontrolado fervor sí podía medirse y compararse con la irrupción de la “Beatlemanía”, a inicios de los 60. El éxito del film no solo se debió a los magníficos efectos especiales o a los novedosos encuadres e inéditas tomas (el Destructor imperial sobrevolando las cabezas de los espectadores en 1977 dejó boquiabierto a más de uno); sino por sus personajes, entre ellos el sempiterno epítome del mal: Darth Vader.

Sin embargo, si uno de ellos nos cautivó y enamoró fue precisamente Leia, su arrolladora personalidad y coraje era insólito, rompía con los prejuicios e ideas preconcebidas sobre cómo debe comportarse una princesa. Su corona fue reemplazada por esas icónicas trenzas, su indumentaria no contemplaba pomposos diseños ni encajes dorados, sus parlamentos estaban plagados de insultos y amenazas que son recordados hasta hoy: “Governor Tarkin, I should have expected to find you holding Vader’s leash. I recognized your foul stench when I was brought on board”. De hecho, nunca se sintió intimidada por estos personajes, pese a ser su rehén. Incluso ha sido la única en salir airosa de un interrogatorio de Darth Vader. Su fortaleza y brío eran tan asombrosos que fue ella quien acabaría rescatando a sus rescatadores de las garras del Imperio. La princesa y su blaster son ya una imagen imposible de olvidar.

Leia fue un huracán tanto como lo fue Carrie Fisher y, como todo portento, su incontrolable fuerza acabó en su propia destrucción. Fueron muchos los años en los que la actriz abusó del alcohol y de las drogas, sus crisis de personalidad y sus depresiones la llevaron a diluirse de a pocos. Tardó en aceptar y entender que hiciera lo que hiciera jamás podría dejar atrás a Leia, hasta que un buen día aprendió a vivir con ella, a cargar con ella. Ningún actor que haya encarnado a un Skywalker ha escapado de la maldición: Mark Hamill será Luke de por vida, al igual que Hayden Christensen no podrá ser más que Anakin. Sus prometedoras carreras se vieron fagocitadas por sus personajes. Empero, quien mejor partido sacó de esto fue Carrie Fisher, publicando en 1987 la novela autobiográfica Postcards from the Edge, llevada al cine tres años después y que contó con Meryl Streep y Shirley MacLaine en los roles principales. Asimismo, sus anécdotas más desgarradoras se reunieron en Wishful Drinking (2008), narradas en clave humorística y sarcástica llevadas también a la pantalla en forma de monólogo cómico por la cadena HBO. Luego de un tiempo riéndose de ella misma llegó la noticia que estremecería la galaxia entera: Leia volvería a liderar la resistencia en la próxima trilogía de Star Wars.

Por fortuna, el retorno al estrellato no le supuso un viacrucis como lo fue a los 19 años. Esta vez una curtida Carrie Fisher daría vida a una correosa Leia, mucho más madura y conocedora de la Fuerza, haciendo gala de un revitalizado temple, pues solo alguien con una pétrea voluntad puede asimilar ser hija de Darth Vader y que su unigénito, Ben Solo —Kylo Ren, para la Primera Orden—, sea la versión bizarra y exagerada de su padre, máscara incluida. No obstante, su encanto se mantuvo intacto y su carisma fue muy bien atesorado por una nueva generación de espectadores, quienes la conocieron no por su linaje real, sino por su cargo militar: la General Organa. Ni siquiera el impenitente Kylo tuvo las agallas de hacer volar en pedazos su nave y acabar de una vez con ella cuando tuvo la oportunidad. El remordimiento hubiera sido letal y devastador, inclusive para él. Conocemos de sobra cuán terrible y traumático puede llegar a ser la orfandad para un Skywalker.

Sin llegar a ser perfecta, The Last Jedi es una película solvente y con unos personajes mejor definidos que los delineados en el episodio previo. Pero si hay algo que la hace realmente especial, casi como lo son las de la trilogía original, es que se trata de la última película de Carrie Fisher. Y porque además tiene momentos de brillantez y gran emotividad. Uno de ellos es cuando Luke le dice a su hermana que nadie se va nunca del todo, recordándole que aún hay luz en las negras entrañas de Kylo, que es posible salvarlo. Y no se equivocaba, como tampoco se equivoca si tomamos la frase literalmente, enriqueciendo su sentido: Carrie Fisher ya no está, es verdad, pero Leia no se ha ido, está siempre a nuestro lado. Basta ver su hermoso y firme rostro en cada marcha y protesta a favor de la igualdad y de la libertad. Ese icónico rostro, tan real y necesario como los del Che Guevara, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi o Rigoberta Menchú. Tan real como nosotros mismos, que la queremos tanto.

Reinhard Huaman Mori
Eivissa, 23.I.2018

The Last Jedi (Trailer)

About Reinhard Huamán Mori

Ha publicado los poemarios el Árbol (2007), así como fragmentos de Fuego (2010) y la plaquette de poesía Ella (12 secuencias) Isabel Archer (2015). Fue director de la revista de literatura Ginebra Magnolia. Actualmente, reside en Ibiza.

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