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‘De Algún Tiempo a Esta Parte’: Free Jazz y el Pulso en el Horizonte

De algún tiempo a esta parte las cosas tienen para ti
el sabor acre de lo que muera y de lo que comienza.
José Emilio Pacheco

Ok. En estos momentos la cabeza me da vueltas y estoy entregándome por completo a los susurros del vértigo.

Camino con fuerza, decidido, impulsado por los sonidos que viajan a través de mis audífonos y endulzan la ligera embriaguez que me dejó la velada junto a Vero y la cuadrilla infausta con la que suele juntarse, todos pintores autonombrados (no podría afirmar si por talento) y seguidores, imitadores y groupies enardecidos del Art Pop, Andy Warhol y la esencia que dejó aquel revoltijo de personalidades y extrañezas conocido como The Factory durante los años 60’.

Mientras acelero el paso, pienso justamente en ella y en todo lo que hemos experimentado juntos a lo largo del último trimestre en que nos ha unido esa especie de fuego libre y palpitante que no se enreda en tratar de intelectualizar la pureza de su romance pero que nos hace atraernos tanto y tenernos el cariño tan especial que nos brindamos mutuamente.

Su presencia me acompaña durante lo que me resta de trayecto, y quizá quince o veinte minutos después ya estoy en casa, frente al ordenador, abriendo un documento en blanco y comenzando a teclear eufórico, con el ímpetu desatado, la mirada fija en el nacimiento de cada letra, la cabeza llena de ideas y la lucidez ardiendo tras semejante maravilla de escenografía y creaciones sonoras.

Mantengo los audífonos en mis oídos, me levanto a preparar la primera dosis de café de la noche y me muevo al ritmo de los saxofones, bailo, brinco con cadencia, enciendo un cigarrillo, me enlazo al estéreo y por algunos interminables segundos me concentro únicamente en las notas explosivas y delirantes ‘De Algún Tiempo a Esta Parte’ (DaTaEP); banda nacida en la ciudad de Puebla en 2013 y cuya música conocí hace poco gracias a que un día de hace algunas semanas se pusiera en contacto conmigo el enérgico Ernesto Barreda (uno de los dos guitarristas dentro de la agrupación) para invitarme a conocer su proyecto y probablemente con las ganas de crear otro puente de comunicación que nos permita construir visiones artísticas con más rabia, unión y compañerismo; y así quizá poder impactar un poco mejor desde nuestras ardientes trincheras.

(Aprovechando justamente esta idea en mente, hay que mencionar que la agrupación se estará presentando el próximo 18 de noviembre en la Ciudad de México, en el ‘Pan y Circo’ de la Colonia Roma y acompañados de Shelter in the Desert y Point Decster.)

‘Blanca Fukushima’

Así que comienzo. Ráfagas indómitas, pinceladas de frescura y navajazos de sentimiento puro y primitivo. Me surgen estas palabras con la misma intensidad con la que arranca la jazzística ‘Elipsis’ (colaboración entre la banda y Adrián Terrazas) y aquella narrativa de fondo hablando y recordando diferentes episodios de lucha y resistencia social; para luego lanzarse de lleno en un grato recorrido de saxofones, sintetizadores y percusiones esbozando una pintura maravillosa de jam e instrumentación libre que busca (y consigue) crear una atmósfera única.

Inmediatamente, me voy trasladando frenético a un caleidoscopio de escenografías que vibran con cada nota y nos revelan un rock instrumental bien definido y ensamblado, un embrión narrativo de imágenes o ruleta rusa de experimentos que juega plácidamente entre el jazz alternativo, los arrebatos eléctricos, las guitarras aullando furiosas por instantes, el Trip-Hop inherente a través de callejones tétricos y aquellos toques a psicodelia que reforzarán momentos cruciales en canciones como ‘Blanca Fukushima’ o ‘Jardín como Desierto’.

Fusiones, paradojas electrónicas, voces japonesas en off y conceptos sonoros que no dejan de reinventarse a sí mismos, de conjugar vertientes, matices y un perpetuo compromiso de búsqueda y riesgo donde las posibilidades no están delineadas, donde hay espacio y creatividad de sobra para explorar el talento de seis jóvenes músicos jugándosela a todo vapor en la construcción de sus sonidos: Cesar Pavón Morante (batería, percusiones), Leonel Bonilla (bajo eléctrico), Ernesto Barreda Muñoz (Guitarra eléctrica), Miguel Leyva Zárate (Batería), Ricardo Gomez Rosas (sintetizadores, percusiones) e Iván Jiménez García Cano (guitarra eléctrica, violín, sintetizadores).

Todos con el firme propósito de combinar sus virtudes y desplegarlas en un cóctel que, al puro estilo Robert Frost (poniéndonos poéticos ahora que Vero sigue martilleando en mi cerebro sin descanso alguno), elige aventurarse por los senderos menos transitados, empedrados y filosos del horizonte; aquella ruta que brinca de lo establecido para encontrarse cara a cara con el vértigo y la libertad absoluta de creación. Algo que, dicho sea de paso, parece fundamental en el desarrollo de la banda originaria de Puebla y que ya es parte esencial de la propuesta que buscan ofrecer y su labor como una agrupación emergente y en plenos procesos de crecimiento y desarrollo.

Como un propósito de lucha interno en constante movimiento. El temple del enfrentamiento, la rabia de apostarse a uno mismo y dejar el aliento con toda la pasión del mundo, en la arcilla, danzando sin temor, libres y dueños del momento, incorporando esa magia y creatividad para confiar en los sonidos que están creando.

En estos tiempos (como todos), donde en muchas ocasiones predomina la falta de entusiasmo para conocer nuevos proyectos musicales y propuestas que vayan más allá de lo común y fácilmente digerible; es vital y necesario que todas estas agrupaciones jóvenes se mantengan fieles a sí mismas, creyendo en lo desconocido, lanzándose de brazos abiertos (diría quizá sonriente André Breton) a los caminos delirantes del abismo… Y yo añadiría: sin el paracaídas abierto o con el mismo ardiendo en llamas.

‘Se Te Sube el Muerto’ 

Regreso a ella. De golpe, violentamente, sin intención alguna pero en el fondo (lo más probable), deseándolo. Ya no bebo café porque el Vodka Tonic me sedujo a mitad de la compleja y enérgica ‘Jardín Como Desierto’ y ahora mejor brindo estilo Vor V Zakone por Vero, la música y el reciente descubrimiento del proyecto ‘De Algún Tiempo A Esta Parte’. (Además, escuchen la fuerza del nombre. Genial. Me intrigó desde un comienzo y la referencia viene de un texto de José Emilio Pacheco al que hacen alusión y que transcribo al final del texto.)

Me dejo guiar sin poner resistencia alguna. ‘Se te Sube el Muerto’ me conduce directamente al calor de su mirada, al negro carmesí de su cabello y a la exuberancia tan encantadora de sus ojos grandes y redondos, cristalinos, negros y profundos en contraste con la palidez de su piel y el rubor natural que surge con facilidad a través de su rostro y que le inyecta un toque más especial a su belleza.

Me lleva de  la mano, me arroja sin pensarlo al vacío y me deja en la intemperie filosófica de la madrugada, pensando en cómo nos conocimos, en aquel vestido de verano que llevaba puesto ese día, el ligero y tenue maquillaje, la fiesta donde nos encontrábamos, el éxtasis, la locura del Progressive House retumbando sin control y su mirada fusionándose con la mía, empezando a arder a la distancia, acercándose conforme el ruido de la escenografía nos iba aislando lentamente hasta dejarnos frente a frente en el momento preciso, en la curva ideal para comenzar a sentir esa especie de fuego que siempre surge entre nosotros, libre y palpitante, y que no se enreda en tratar de intelectualizar la pureza de su romance.

Es quizá lo que hace tan especial a Vero y lo que me vuelve tan adicto a ella: aquella manera de aceptar el amor, aquella forma de ignorar la idea de atarnos dentro de una relación o algo más duradero, el simple hecho de disfrutar que estamos aquí, vivos, latiendo, y que toda ocasión es una oportunidad de hacer algo especial, apasionante, puro en su estado más salvaje y natural…

Estoy en esto, viéndola nítidamente a través de las imágenes recopiladas en la memoria, cuando comienza ‘Hombre Azul’, track encantador con una presencia predominante y exquisita de violines, un bajo eléctrico bien equilibrado y la tabla hindú marcando el ritmo y complementando a la perfección el peso de los violines y la atmósfera agreste de toda la canción. El video, además, es de gran calidad y sus escenas funcionan perfectamente con la lírica escrita por Iván Jiménez García Cano, que aunque no está vocalizada, tiene toda la esencia de los sonidos y refleja lo que buscan conceptualizar a través de sus instrumentos.

Hombre Azul

Acurrucado en un jardín como desierto
envenenado por las nubes,
por el cielo,
por la mañana,
frío,
alucinado,
mareado de tanto navegar,
se esconde un hombre azul.

Azul por lo días de diciembre,
por los días de lluvia, 
de soledad,
de viento,
de humo azul,
como un iceberg que poco a poco, 
lentamente, va convirtiéndose en agua,
volviéndose mar. 

Iván J.G.C.

Y precisamente, este es uno de los puntos más interesantes y potentes de DaTaEP. La combinación de su música es exquisita. No importa en qué track nos encontremos, a cuál lleguemos o qué parte de nuestra alma nos hagan vibrar; los paisajes se llenan de distorsión, estructuras minimalistas, mezclas deliciosas de influencias cosechadas a lo largo del camino y la presencia incluso, por momentos y de forma casi intuitiva, del Post-Rock, género que bien sabemos tiene en su ideología la experimentación, instrumentación y desintegración de los sonidos como una de sus armas más feroces y precisas.

Esa capacidad de brincar de un pantano de posibilidades a otro. Escuchar profundamente a tus instintos, dejarte abrazar por ellos, conjugar el exorcismo… Estar y no Estar. Existir, actuar, sentir con cada molécula de nuestra esencia. (Momentos filosóficos de la noche.) Un cigarrillo más, el último vodka. Recordando al grandísimo Antonio Conte, actual Director Técnico de mi amado F.C. Chelsea: “If we want to cut the emotion we can go home and change our job*”. Carpe Diem.

‘Hombre Azul’

 

Fragmento ‘Los Elementos de la Noche’ José Emilio Pacheco |

“De algún tiempo a esta parte, las cosas tienen para ti el sabor acre de lo que muere y de lo que comienza. Áspero triunfo de tu misma derrota, viviste cada día con la coraza de la irrealidad. El año enfermo te dejó en rehenes algunas fechas que te cercan y humillan, algunas horas que no volverán pero que viven su confusión en la memoria.

Comenzaste a morir y a darte cuenta de que el misterio no va a extenuarse nunca. El despertar es un bosque de hallazgos, un milagro que recupera lo perdido y que destruye lo ganado. Y el día futuro, una miseria que te encuentra solo: inventando y puliendo tus palabras.

Caminas y prosigues y atraviesas tu historia. Mírate extraño y solo, de algún tiempo a esta parte.”

**”Si queremos cortar la emoción podemos irnos a casa y cambiar de empleo”.

About Adrián Ortega

Escritor y Periodista. Diseñador, melópata, bohemio irrecuperable y apasionado desenfrenado del Post-Rock, la viticultura y el cine de Park Chan-wook. Fanático a muerte de los Ravens de Baltimore e hincha del Atlas de Guadalajara y del Chelsea Football Club. Co-Fundador y Director General del medio de difusión artística ‘Operación Marte’, co-editor del sello editorial ‘Korova Records’ (en construcción) y locutor en el canal de podcasts ‘La Tribu’. Su primer libro: "Érase una vez en Santa María", fue publicado por 'La Ratona Cartonera' en Mayo de 2015. Actualmente trabaja en su primera novela y en una serie de artículos, crónicas y ensayos de música y Rock que piensa titular "Medio Segundo de Snuff & Spaguetti".

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