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Black Mountain o el Coño Piscodélico de Amber Webber

El surrealismo salió
de las cenizas
del dadaísmo.
Tristán Tzara

La luz del Sol, en forma de fotones, incide en el material provocando cargas eléctricas, o electrones; posteriormente éstas pueden excitarse, o relajarse, y regenerar fotones que se desplazan dentro del material a la velocidad de la luz. Esos fotones regenerados pueden ser absorbidos de nuevo en un punto lejano al punto donde fueron creados originalmente, es decir, al coño de Amber Webber —nalguita también integrante de “Lightning Dust”— quien transporta las descargas en forma de luz que permiten que se muevan a velocidades ultrarrápidas a través de su voz, y así llegar a los electrodos en forma de música psicodélica, hasta llegar a la Montaña Negra.

El coño de Webber irradia un misticismo pasmoso, lo puedes sentir en el escenario, a miles de kilómetros de distancia, lo pueden husmear las cientos de trompas en sus recitales, lo puedes incluso teletransportar cuando un disco de acetato de los Black Mountain es reproducido en tu tornamesa, el cuarto disco, quizás, sea un buen portal. Es un coño afable el de Webber, piadoso, sensible, empático, el coño de Amber se convulsiona con intrínseca sutileza en todos los escenarios posibles del universo. Pues hay otros universos musicales, distintos a los que conocemos, y algunos, acaso, parecidos; es posible visitarlos, echarles un vistazo, comprobar que sí, que efectivamente, están por ahí, como burbujas aisladas… Así mismo, Amber Webber, Stephen McBean, Jeremy Schmidt, Brad Truax, Joshua Wells y el coño de Amber, saben que: “Un pez en el océano, puede pensar que todo lo que existe es agua”, (que todo lo que existe es música) como diría el físico teórico Raphael Bouso.

La presencia de Black Mountain no es extraña en el mundo sonoro apoteósico, dado que la espesa atmósfera del Psychedelic rock patrocina este redescubrimiento: “IV” (Jagjaguwar, 2016). Su música se define a menudo como Stoner rock. Entre sus odas consideradas dentro de este movimiento, resalta el inolvidable álbum In the Future (Jagjaguwar, 2008). Es posible, no obstante, unir el sufijo “surrealista” a la música de Los Black Mountain, debido a que desarrollan su alucinante arte en una gran variedad de medios, incluyendo las Artes Visuales: lo excéntrico de sus portadas, la Literatura: como esa maravillosa letra de You Can Dream, y el Video: Florian Saucer Attack y Mothers of the Sun (sólo por mencionar algunos). Un tipo de post-psicodelia que es el  punto de partida de una serie de manifestaciones de este nuevo espíritu, el que promete modificar las artes y la conducta auditiva de arriba abajo en un goce universal.

“IV”, de Black Mountain, último disco de estudio de la banda canadiense, es un disco que usa yuxtaposiciones inesperadas y otras técnicas del surrealismo, pues mezcla sus líricas emocionalmente devaluadas en una manera parecida al montaje, lo que les permite ceder nuevos sentidos dentro de una nueva unidad estética y sonora, incluso, convergen la improvisación y el collage como técnicas primarias de un surrealismo musical: Constellations; que hace uso de excitaciones devaluadas, y utiliza éstas como medios estimados. Así gana su forma “IV”, producido cuando los muertos de repente, aparecen entre la vida.

El disco contempla todas las fuerzas psíquicas (automatismo, sueño, inconsciente, modulación, erotismo) en los procesos de creación y de expresión sonora: Thurston Moore, fraseo vocal que culmina con una elegante recta inicial.

“IV” nació sin anestesia del coño soberano y legítimo de Amber Webber, cuando cogía con los micrófonos económicos de las tiendas canadienses deprimentes; del coño le salen flores, y una que otra eufonía. “IV”, es un disco perfecto, de diez tracks redondos como planetas, planetas solitarios, en donde las constelaciones, las pesadillas, los cementerios cósmicos, los platillos voladores, los ataques espaciales, los desertores virgenes, y las cadenas intergalácticas, son formaciones de la perfecta Madre del Sol, “Your children had it rough / Ain’t no footing”. No es Stephen McBean, sino una atractiva Webber quien crea el erotismo cósmico de “IV”, un álbum que hará llevarte un cigarro mágico a la boca, o quizá, lo mas probable, la mano a los genitales.

‘IV’ | Concierto Completo

About Mixar López

Narrador, cronista y periodista musical. Colaborador de las revistas Operación Marte, El Fanzine, Fanatika, Melo Magazine, Radar Magazine, I Noticia, Letras Explícitas y Quarter Rock Press. Desde hace tres años vive en Des Moines, Iowa, Estados Unidos. Sus intereses varían desde la música, las series de Tv, la literatura y el periodismo Verité o periodismo Gonzo. Su filosofía de escritura creativa es ir a la yugular de la experiencia y estar atento a pensamientos capaces de penetrar la realidad. Vive afanado en hallar verdades y tan pronto como considera que ha dado con alguna, siente el vivo deseo de comunicarla a otros: entonces surgirá la escritura. En la actualidad, prepara su primer libro de crónicas, 'Prosopopeya: La voz del encierro'.

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