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Black Mirror: Ciencia, Nostalgia y Memoria

Pocas veces la buena televisión contemporánea ha podido abordar de buena forma los temas universales del hombre. Esa materia prima que todo artista emplea para expresar sus ideas sobre el entorno que lo rodea. La nostalgia podría ser uno de ellos…

Aquí, Charlie Brooker, creador de la serie Black Mirror, construye una paradisíaca ciudad llamada San Junipero, donde relata una historia de amor entre dos chicas: Gugu Mbatha-Raw (Kelly) y Mackenzie Davis (Yorkie), quienes se conocen entre la ciencia, bajo la era tecnológica futurista y la nostalgia, un pasado lleno de referentes icónicos de los ochentas y su cultura pop.

Para este cuarto capítulo de su tercera temporada, parece que los finales felices eran algo impensable. Sin embargo, en esta ocasión parece que su final abierto y polémico (para algunos seguidores) implicó el nacimiento de varias teorías que permitieron a los viejos y nuevos amantes de la serie imaginar la nostalgia de nuestro propio pasado. Y con ello, pensar si es posible vivir en una eternidad llena de felicidad y libertades sin prejuicios según este capítulo; sobre todo para una aparente sociedad americanizada por el cine hollywoodense de los años ochenta.

San Junipero, 1987. La ciudad de la eterna diversión nocturna en bares y clubes, de los apacibles tardes veraniegas junto al mar, lugar paradisiaco que ha construido la nube de una sociedad futurista, la cual permite “vivir” a los ciudadanos muertos en la realidad y así preservar su alma dentro de un presente feliz.

La historia comienza mostrándonos esta sociedad paralela donde la diversión, la ardiente vida nocturna del bar “San Junipero” y su emblemática música ochentera (producto de un atinado tracklist de Charlie Brooker); construyen el personaje de Kelly: una divertida chica veintiañera que acude a Tucker´s, un bar para divertirse cada fin de semana… Allí, una noche la tímida Yorkie entra y tras deambular solitaria por varios rincones ambas se conocen. Bailan, ríen y conversan a medida que Yorkie se interesa más por la misteriosa y frívola Kelly, quien deja en claro que es pura diversión. Recordemos la historia: esto ocurre sólo una vez por semana. Sin embargo, pasan una, dos semanas y Yorkie decide buscarla de nuevo sin éxito alguno, viaja década tras década hasta hallarla y bajo una noche estrellada en la azotea de un bar de los años dos miles, somos partícipes del enamoramiento de ambas.

La historia cambia y profundiza sutilmente con los diálogos. Sabemos de la hipocresía de los padres de Yorkie, que no la aceptan por su orientación sexual. La frivolidad y belleza de Kelly catapultan la ganas de expresar el amor y la emancipación de Yorkie. Kelly comienza mintiéndonos (espectadores) sobre un marido ausente y más tarde nosotros también terminamos intrigados por este argumento que resguarda misterios.

A cada momento que Yorkie busca entender a Kelly y su entorno, Charlie Brooker cambia el paradigma de esta historia y establece el futuro de Kelly y Yorkie en la vida artificial. La historia avanza bajo un corte directo, Brooker nos sitúa en el futuro donde una Kelly octagenaria sobrevive en un hospital, enferma y eventualmente se convierte en visitante de la vida artificial de San Junipero. Recordemos que sólo puede disfrutar de cinco horas a la semana pero puede optar por la nube eterna bajo una inscripción médica apoyada de un familiar externo.

Entonces, un dilema aparece a medida que su relación con Yorkie se complica en la vida alterna. Kelly (en su vida real) había perdido a su marido y a su hija, luego de que éste no quisiera entrar a San Junipero. Kelly no acepta acceder a esa felicidad sin ellos: se complejiza la relación con Yorkie. Más tarde, Kelly conoce al marido real de Yorkie, quien la cuido desde niña y sabe que tras un accidente nunca pudo caminar. Yace en coma en el mismo hospital que ella.

A medida que llegamos al final del capítulo observamos cómo se une la nostalgia por una vida eterna y feliz, se establece un idealismo amoroso a causa de la memoria entre las dos protagonistas; posible sólo por la ciencia… Una realidad que parece muy cercana a la que vivimos, cuya alegoría podría ser una fuerte crítica a la alienación de nuestra era hipertecnologizada.

Kelly y Yorkie nos muestran cómo el amor y la memoria construyen ese pasado posible, el que todos imaginamos vivir. Al menos mejor que nuestro presente, uno lleno de intolerancia, de políticos y guerras ideológicas sin sentido, cual si fueran desastres naturales.

Gracias a la idea de los guionistas de darles un final feliz a los personajes, deciden terminar su relato bajo una secuencia donde los clichés cinematográficos rondan lo publicitario. Sin embargo, nos dejan una cierta reflexión: ¿cómo sería vivir en San Junipero?, ¿a quién elegiríamos para compartir la eternidad? Alguna vez Bertrand Rusell, el emblemático filósofo inglés, responde a su entrevistador John Freeman al cuestionarle sobre el futuro de la humanidad: “El amor es sabio. El odio es de tontos”.

Black Mirror | Trailer Season 3

About Aarón de la Rosa

Licenciado en Letras Hispánicas con Especialidad en adaptación cinematográfica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Tiene la Maestría en Estudios Cinematográficos en Guionismo de la Universidad de Guadalajara y la Maestría en Cine Documental por el Posgrado en Artes y Diseño- CUEC de la UNAM. Realizador, guionista y productor escribe sobre temas de cine.

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