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Beck: Mutación y Experiencia

Tal vez fue porque soy padre y suelo fijarme con detenimiento en estos detalles o, simplemente, porque los caminos de Youtube son inabarcables y tentadores, no lo sé… Lo cierto es que de pronto me vi abducido por un programa llamado “Teens React” y, al cabo de unos minutos, la tensión y la parálisis sobre mis músculos faciales denotaban una sola cosa: total estupefacción. Lo que allí se enfatizaba eran las reacciones de unos adolescentes ante un puñado de las mejores canciones de Beck Hansen, el más versátil, ecléctico e inconformista músico de las últimas cuatro décadas y a quien, por supuesto, desconocían sin mayor remordimiento.

Este episodio comenzaba con el videoclip de “Heart Is a Drum”, el cual aglomera una serie de excéntricos personajes e insólitas situaciones que, en apariencia, no guardan ninguna relación. Vemos a Beck interactuar con la muerte, con una niña o un anciano, con un par de buzos y, sobre todo, con otras versiones de sí mismo pero con diversas edades. La nostalgia y la serenidad que transmite la canción se acentúan no solo por el predominio de la guitarra acústica y su hospitalario arpegio, sino porque las escenas tienen lugar en una casa y en un granero abandonados en medio de un bosque cualquiera, cuya soledad está muy bien sugerida por la ausencia de color del vídeo. De ahí el desconcierto de los adolescentes quienes, a pesar de desconocer la simbología, intuyen que hay un mensaje que se esconde entre líneas.

Sin embargo, para nosotros que crecimos con Beck, todo se nos revela sin dificultad y nos dejamos cobijar por la emoción: lo que apreciamos en ese monocromo limbo temporal es a nosotros mismos, pero maduros, macerados, marcados de experiencia. De hecho, estos personajes son originarios de “Loser”, tema con el que amplió el registro sonoro de nuestras vidas hace casi 25 años y, si ellos nos han acompañado durante este tiempo, ha sido porque son parte de un clásico que no ha envejecido. Jamás olvidaremos ese memorable slide, ni tampoco los patosos movimientos de Beck tratando de emular a James Brown, ni mucho menos el coro que fue la cereza de ese agrio pastel al que nombraron Generation X: “Soy un perdedor, I’m a loser, baby, so why don’t you kill me”. El continuum vitae que grafican ambos vídeos es más evidente para nosotros que estuvimos ahí.

‘Loser’

 

A lo largo de este cuarto de siglo Beck ha podido romper y deconstruir la molesta etiqueta de artista alternativo con la que fue catalogado tras su meteórica irrupción, allá hacia 1994, fecha en la que el Grunge empezaba esa cojera que acabaría luego en amputación. Siempre fue diferente, no porque lo buscara con denuedo, sino porque le era connatural y más sencillo navegar a contracorriente. Su propuesta no buscaba renovar el panorama musical, ni siquiera estaba interesado en ser su salvador, como sugirió alguna revista. Por ello, cuando todos se quemaban las pestañas intentando imitar y prolongar el chirriante sonido de Seattle, Beck disfrutaba combinando como buen alquimista los tempos propios del blues, country, hip hop y folk. Solo ahora es comprensible ese sarcástico y autocrítico verso inicial de “Loser”: “In the time of chimpazees I was a monkey”.

Así, mientras los otros singles de Mellow Gold tomaban la posta de “Loser” en lo alto de los charts mundiales, Beck continuaba siendo el rey del low-fi publicando discos y EP’s en sellos de modesto presupuesto y para un público menos radiofónico, como Stereopathetic Soul Manure, One Foot in the Grave o A Western Harvest Field by Moonlight, todos de 1994. Luego llegaría la consolidación con Odelay (1996), gracias a los sencillos “Where It’s At”, “The New Pollution”, “Jack-Ass” o mi favorita: “Devil’s Haircut”, en cuyo clip aparece caminando por Nueva York al estilo de Jon Voight en Midnight Cowboy. Asimismo, Mutations (1998) y Midnite Vultures (1999) fueron idóneos para incursionar con éxito en otros registros musicales, amalgamando ritmos tan disímiles como el funk, la bossa nova, el dance o la psicodelia, a los que añadiría su distintivo toque de humor e irreverencia en las letras de las canciones.

La llegada del nuevo milenio le supuso un cambio radical, tanto en lo profesional como en lo personal. Tras una dolorosa ruptura sentimental aparece el impecable Sea Change (2002), un álbum mucho más melódico, sombrío y meditabundo que incluye el celebradísimo “Lost Cause”. Para mala fortuna, la seria lesión en su columna contraída durante el rodaje de “E-Pro” —primer single de Güero (2005)— se agravó con el tiempo y hasta se planteó dejar las giras indefinidamente. A día de hoy, y pese a que su salud ha mejorado, su movilidad sobre el escenario se ha visto reducida; empero, aquello no fue obstáculo para seguir publicando: en 2006 ve la luz The Information y dos años después Modern Guilt, ambos con poca pegada comercial.

‘Lost Cause’

 

Su infatigable impulso transgresor y el uso de la ironía como arma lo acercan a Frank Zappa; no obstante, Beck carece de ese ímpetu reaccionario y activista. Además, mientras que Zappa formulaba cócteles rítmicos mucho más sinfónicos y vanguardistas, sus mezclas fluyen con mayor naturalidad y sentimiento, nos camelan sigilosamente, como los Ambients de Brian Eno. La diversidad de sus trabajos nos recuerdan al mejor David Bowie, a quien honra con una soberbia versión de “Sound and Vision” en una performance interactiva a 360º para internautas. Pero lejos de adoptar el halo de rockstar del Duque Blanco, Beck siempre se ha mostrado reflexivo, introspectivo y melancólico. Escurridizo y discreto. La fama es un accesorio o un medio para explorar nuevas vías, pues entiende la música como un cambio. Prueba de ello es que sacrificó una ingente suma de dinero al firmar con Geffen con tal de tener mayor libertad creativa, tampoco se preocupó por lanzar vídeos promocionales para el Mutations y, en 2012, sorprendió a propios y extraños con Song Reader, un libro con 20 partituras para que sean interpretadas al libre gusto de sus consumidores.

Como sucede con los grandes, la publicación de Morning Phase (2015) supuso su retorno en primera línea, luego de un irregular decenio, arrasando en los Premios Grammy de aquel año. Hace tan solo unos meses ha salido Colors, otra fantástica mutación, con temas más optimistas que oscilan entre el dance y el pop de discoteca, propicios para cualquier fiesta o celebración. Si bien el tiempo no ha sido indulgente con él, sí ha sido decisivo para su evolución. Mucha humanidad se desprende de estas declaraciones: “El mayor cambio de todos es que mis hijos no compran discos. Se limitan a escuchar música en streaming. Les llevo a tiendas, intento que se enamoren del hábito de comprar discos, pero no les interesa. Cuando pienso en los tiempos en que era un crío y compraba un vinilo, lo ponía en el tocadiscos y me quedaba mirando la portada, sé que aquello te producía un sentimiento especial que ellos no tendrán. Era nuestro ritual. Pero bueno, supongo que ellos tendrán otras cosas. No sé qué es, pero… creo que es importante asumir el tiempo en que vives”. ¡Sabia lección!

Por lo anterior, por el camino recorrido y por lo que aún falta, pero sobre todo por la incondicional compañía, muchas gracias, Beck.

‘Devil’s Haircut’

About Reinhard Huamán Mori

Ha publicado los poemarios el Árbol (2007), así como fragmentos de Fuego (2010) y la plaquette de poesía Ella (12 secuencias) Isabel Archer (2015). Fue director de la revista de literatura Ginebra Magnolia. Actualmente, reside en Ibiza.

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